Irán y la seguridad en Oriente Medio: ¿y si la solución es multilateral?

Las pautas y tendencias de la violencia y la inseguridad en el mundo están cambiando, pero la geopolítica sigue pesando, y eso sirve también para Oriente Medio. Hace un mes hablábamos de un posible ataque militar internacional contra Siria, pero luego llegó el acuerdo entre EE UU y Rusia para el desmantelamiento del arsenal químico y todo cambió. En paralelo, se hizo visible un clima de distensión, al menos aparente, propiciado por la elección de Hassan Rouhani en Irán y su visita a la Asamblea General de la ONU. Y ahora se retoman las conversaciones del Grupo 5+1 con Irán sobre su programa nuclear.

Al ya largo contencioso entre EE UU e Irán se añade desde hace una década la crisis derivada del pulso nuclear iraní; lo que se ha traducido en resoluciones condenatorias de la ONU, sanciones unilaterales y, siempre en el horizonte, la amenaza de un ataque israelí y/o estadounidense sobre las instalaciones nucleares. El programa iraní tiene el potencial de cambiar los balances regionales de poder y en él confluyen los intereses de este país, los de Israel (que lo considera una amenaza existencial), los de Arabia Saudí y Egipto (que posiblemente seguirían la pauta de la proliferación) y hasta los de EE UU y Rusia, a través de sus aliados en la región.

Copyright: @intheskies - Fotolia

Copyright: @intheskies – Fotolia

El Grupo 5+1 acaba de reunirse en Ginebra con Irán en un clima de cauto optimismo. Pero más allá de las circunstancias coyunturales, hay cuestiones estratégicas que deben tenerse en cuenta, empezando por reconocer las líneas rojas de cada actor. Para Irán esto significa ver reconocido su derecho al desarrollo de la energía nuclear (incluyendo el enriquecimiento de uranio), como cualquier firmante del Tratado de No Proliferación (TNP). Para EE UU la clave es fijar un sistema de garantías verificables de que Irán no usará el programa para desarrollar armas nucleares. En el fondo subsiste una profunda desconfianza mutua.

Una oportunidad para desbloquear este tema podría pasar por abordarlo en el contexto estratégico de la región y en un marco de seguridad regional, que incluya otros asuntos. Así, por ejemplo, en el marco de los esfuerzos para convocar una nueva ronda multilateral de negociaciones sobre el futuro de Siria (el proceso “Ginebra II”), la eventual participación de Irán está ganando apoyos. Una posible invitación a Teherán supondría en sí mismo una medida de creación de confianza, contar con un actor de gran influencia en la crisis siria y un reconocimiento de su papel regional.

Por otro lado, y siguiendo con Siria, Irán ha mostrado algunos signos de distanciamiento con el régimen y su objetivo estratégico parece ser ahora la supervivencia del Estado sirio, lo que le permitiría mantener sus relaciones con las fuerzas militares y de seguridad (incluso aceptando otro tipo de gobierno). Esto le permitiría a su vez salvar  los canales de influencia hacia Hezbolá. Para EE UU, la supervivencia del régimen tampoco sería el peor de los escenarios posibles y, por tanto, ahí cabe identificar una posible base de entendimiento para superar la parálisis actual.

Lo reconozcan o no abiertamente, EE UU e Irán tienen hoy dos objetivos comunes en Siria: impedir su colapso total (lo que crearía un vacío de seguridad proclive a la violencia sectaria y al poder de los yihadistas) y derrotar a los grupos radicales y/o vinculados a Al Qaeda que combaten allí (y que, según distintas fuentes, equivalen a entre el 15-30% de las fuerzas de la oposición). Si se mira un poco más lejos, sus intereses comunes también incluyen el presente y el futuro de Afganistán e Irak. Reconocer los puntos comunes y avanzar en ellos permitiría crear una confianza necesaria para abordar el problema nuclear.

Aunque olvidadas en gran medida por los medios, hay otras iniciativas que merece la pena recordar. Un enfoque multilateral, complementario, para abordar los problemas de seguridad regional podría basarse en la antigua propuesta de crear una zona libre de armas nucleares (o de armas de destrucción masiva) en Oriente Medio. Aprobada por primera vez por la Asamblea General de la ONU en 1974, a propuesta de Irán y Egipto, esta resolución ha seguido aprobándose anualmente desde 1980. También se ha incorporado a resoluciones del Consejo de Seguridad, y el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) hace cada año un llamamiento para incorporar mecanismos de salvaguarda en todas las instalaciones nucleares de la región, como primer paso para el establecimiento de esta zona (que ya existe en forma de acuerdos regionales en Asia, África y América Latina, entre otros).

¿Cuáles son los elementos básicos de esta propuesta? En su versión inicial solo se refiere a armas nucleares. Si se toma la “ampliada”, incluiría el compromiso de no tener, comprar, fabricar, probar o usar armas nucleares, químicas y biológicas, ni sus sistemas de lanzamiento. De acuerdo con un estudio técnico del OIEA de 1989, se aplicaría a una región desde Libia hasta Irán, y desde Siria hasta Yemen. Otro estudio de la ONU lo amplió posteriormente a todos los países de la Liga Árabe, más Irán e Israel.

Tanto el formato de la agenda como el ámbito geográfico, alcance y mecanismos de salvaguarda deberían definirse durante las propias negociaciones. Este enfoque permitiría abordar el programa nuclear iraní y el de Israel; el arsenal químico sirio y de otros Estados de la región. Abordar todas las armas de destrucción masiva en la región tendría en su conjunto ventajas que van más allá de la suma de sus partes: permitiría abordar los intereses, percepciones de amenaza y objetivos estratégicos de todos los países del área y de sus aliados externos. En el camino, probablemente, algunas amenazas y focos de conflicto podrían desactivarse.

La iniciativa tiene una larga trayectoria diplomática aunque sin avances tangibles. El más destacado ocurrió en la Conferencia de Revisión del TNP de 2010, que aprobó un plan para avanzar, incluyendo la convocatoria de una conferencia regional en 2012 (que finalmente fue suspendida). También se propuso nombrar un representante internacional con funciones de facilitador y un país de acogida de las negociaciones. El asunto se retomará en la próxima conferencia de revisión, en 2015.

Por otro lado en 2011, en una reunión de 97 países convocada por el OIEA, se acordó continuar trabajando con este objetivo, considerar las declaraciones de buenas intenciones un primer paso positivo, utilizar cada oportunidad en la agenda internacional e identificar medidas específicas de construcción de confianza.

El nuevo clima que aparentemente preside las negociaciones del P5+1 con Irán y el foro Ginebra II sobre Siria (especialmente si Irán participa) podrían también ir en esa línea: la creación de confianza mediante la diplomacia y los acuerdos parciales, aprovechando las oportunidades de la agenda internacional. Tanto dentro de EE UU como de Irán, y de otros actores regionales e internacionales, hay quienes se han beneficiado con el statu quo vigente. Pero el enfrentamiento permanente no ha logrado hasta ahora resolver nada. Por el contrario, aunque la economía iraní sufre bajo las sanciones, el programa nuclear continúa, en un marco de ambigüedad estudiada para evitar medidas más duras.

La situación regional es tan compleja y los intereses (nacionales, regionales e internacionales) tan dispares, que un marco de negociaciones multilaterales hacia un acuerdo regional de seguridad podría ser el marco adecuado para ponerlo todo sobre la mesa. Eso sí: nadie dice que vaya a ser fácil.

Anuncios