¿Sirve de algo llamarles terroristas?

EE UU ha incluido al grupo islamista nigeriano Boko Haram en su lista de organizaciones terroristas extranjeras (FTO). Esta iniciativa se aplica a grupos que usan tácticas terroristas y son percibidos como una amenaza a la seguridad estadounidense.

A partir de ese momento, diferentes agencias pueden bloquear las transacciones financieras e intercambios con este grupo, y cualquier tipo de asistencia viola la ley. EE UU ya comenzó a tomar medidas contra este grupo en 2012, cuando incluyó a varios de sus líderes en la lista de Specially Designated Global Terrorists.

Boko Haram nació en 2002 como una iniciativa opuesta a la educación de estilo occidental en el norte de Nigeria. Sus apoyos fueron creciendo y en 2009 lanzó una serie de operaciones terroristas y militares con el objetivo de crear un estado islámico. Sus objetivos han sido civiles y militares, incluyendo escuelas, y se han enfrentado abiertamente con las fuerzas armadas. Después de esto, Boko Haram fue objeto de una durísima represión. El gobierno de Nigeria lo designó como amenaza a la seguridad y en junio de 2013 fue calificado de terrorista. También se declaró el estado de emergencia en las regiones del noreste (donde tiene sus bases).

Pese a todo sus operaciones continuaron e incluso escalaron, y han contribuido a un aumento de las tensiones entre poblaciones cristianas y musulmanas. Sus ataques han sido cada vez más sofisticados. Cuando el actual presidente nigeriano Goodluck Jonathan tomó posesión en 2011, Boko Haram provocó numerosas explosiones y atacó el cuartel general de la policía y la sede de la ONU en Abuja. El grupo ha usado técnicas como los ataques suicidas, inéditos en este país. Desde la Corte Penal Internacional han comenzado a investigar sus acciones como posibles crímenes contra la humanidad.

Con la pregunta que titula este texto no cuestiono si Boko Haram es una organización terrorista. Está claro que ha cometido graves actos de terror indiscriminados contra la población y contra el gobierno de Nigeria. Lo que me pregunto es si esta designación aporta algo positivo para abordar el problema de la violencia en Nigeria, incluyendo la de Boko Haram y otros actores armados, en un país altamente dividido.

En este caso concreto hay un primer riesgo claro. Si la inclusión en la lista no va acompañada de un mensaje al gobierno de Nigeria, éste puede interpretarla como un respaldo a sus tácticas anti-terroristas. Y éstas incluyen violaciones masivas de los derechos humanos que tampoco deberían ser toleradas. Amnistía Internacional documentó casi 1.000 muertes violentas en las cárceles, muchas de ellas de personas sospechosas de simpatizar con Boko Haram. Human Rights Watch ha documentado la violencia de Boko Haram y la del gobierno y afirma que ambas pueden constituir crímenes contra la humanidad.

Si no se abordan las raíces y manifestaciones (y responsabilidades) de la violencia por todas las partes, se corre el riesgo de polarizar aún más la situación, y de que haya más violencia como consecuencia.

De un modo más general, un buen número de actores y organizaciones involucrados en diferentes niveles de la construcción de la paz han señalado los riesgos de las listas de organizaciones terroristas (que no sólo tiene EE UU, sino también la ONU, la UE, o el Reino Unido, entre otros). Un ejemplo es este informe del United States Institute of Peace, o éste de Conciliation Resources y Berghof Peace Support. Prácticamente todos los grupos armados envueltos en conflictos actualmente forman parte de alguna de ellas.

Incluir a un grupo en una lista de organizaciones terroristas tiene varios efectos. Por un lado puede limitar sus actividades (por ejemplo, de captación de fondos), sus movimientos o sus vínculos con otros grupos. Por el otro, los esfuerzos regionales o internacionales de mediación para poner fin a un conflicto afrontan mayores dificultades o son paralizados. En ciertos casos, reunirse con un representante de esos grupos puede ser delito. Actores no gubernamentales, pero también gobiernos, activos en mediación y resolución de conflictos, ven así sus manos atadas.

Otro problema es que los actores internacionales no son siempre coherentes al aplicar sus criterios, mantienen diferencias entre sí, y no han establecido canales o vías claras para salir de la lista una vez que se está dentro. En varios casos, la definición de actividades terroristas es tan amplia que podría afectar a derechos como el de reunión, asociación y manifestación. Otro efecto de la inclusión en las listas es la potencial radicalización del grupo y de los sectores que lo apoyan. Esto puede agravar la violencia y dificultar cualquier intento de lograr la paz en el futuro.

En la actualidad, la mayor esperanza de poner fin a conflictos como el de Siria, el de Colombia, o el del programa nuclear iraní, recae en procesos de negociación multilateral. Si se reconoce la necesidad de diálogo y negociación en estos casos, resulta difícil de entender que se cierre absolutamente la puerta en otros.

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