Mediation with Non-Conventional Armed Groups? Experiences from Latin America

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My Policy Brief as a Fellow of the Global South Unit for Mediation GSUM, BRICS Policy Center, is just out.  This Brief addresses mediation initiatives with criminal and non-conventional groups in Latin America, against the background of the theory and practice of international mediation. Exploring case studies in El Salvador, Honduras, Colombia and Mexico, it tries to illuminate the possibilities and challenges of applying traditional conflict resolution strategies to hybrid and non-conventional forms of violence.

The report addresses the following questions: How has mediation with criminal groups been conducted in selected Latin American countries? What combinations of actors have been involved? What factors have affected the outcomes of those processes? What lessons can be drawn regarding mediating criminal and hybrid agendas elsewhere?

The document can be accessed and dowloaded in the website of GSUM, here.

Mi Policy Brief, como Fellow de la Global South Unit for Mediation – GSUM en el BRICS Policy Center, se acaba de publicar (en inglés). “Mediation with Non-Conventional Armed Groups? Experiences from Latin America”, aborda iniciativas de mediación con grupos armados criminales y no convencionales (bandas, híbridos, narcotraficantes, vigilantes) teniendo como fondo la teoría y la práctica de la mediación internacional. Los casos de estudio son El Salvador, Honduras, Colombia y México.

El informe aborda algunas cuestiones esenciales: ¿Es posible la mediación con grupos criminales y no-convencionales? ¿Cómo se ha hecho en América Latina? ¿Qué actores han participado? ¿Qué factores han influido en las dinámicas y los resultados de esos procesos de mediación? ¿Cuáles son las lecciones de cara a futuros intentos, en América Latina y en otros lugares?

El documento se puede ver y descargar en la web de GSUM, aquí.

 

La guerra contra las drogas

Las drogas ilegales y sus diferentes “mezclas” con los conflictos y la violencia son una fuente de inseguridad en muchos lugares. Pero las drogas ilegales tienen muchas facetas en un negocio que se caracteriza, por encima de todo, por su alcance global.

Para visualizar el alcance de este fenómeno son útiles estos mapas de la oficina de la ONU contra las drogas y el crimen (UNODC):

Rutas globales de la heroína

Rutas globales de la cocaína

Pequeños campesinos privados de alternativas viables cultivan opio o coca desde Asia a los Andes, como forma de sobrevivir. Grupos del crimen organizado se encargan de la transformación y procesado de esos productos y la logística que permite colocarlos en los mercados más pudientes. Por el camino, en ocasiones también financian a grupos armados. Y allí donde llegan pueden suponer un problema de seguridad pública, pero más a menudo incluso de educación preventiva y salud.

La guerra contra las drogas ha planteado problemas adicionales. Algunos de sus pilares son la erradicación forzosa de cultivos (y en mucha menor medida, consensuada), el despliegue de fuerzas policiales y militares para desmantelar los cárteles y cerrar las rutas, y en zonas como América Latina la extradición a EE UU. Sus éxitos son parciales, pero en los cuarenta años que lleva en marcha no ha logrado detener el flujo continuo de drogas por todo el mundo. Eso sí, ha causado violaciones de los derechos humanos e impactos graves en la seguridad y el desarrollo.

Si quieres saber más, en este enlace encontrarás un artículo mío reciente al respecto, publicado por el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH).

En una simulación sobre “The Emergent Progressive Era” que hemos conducido recientemente en WIKISTRAT, este escenario plantea cómo sería el proceso que podría llevar a poner fin a la guerra contra las drogas.

Y para terminar este documental, de Rachel Seifert, ofrece una vista panorámica de la cocaína y de la guerra contra ella: Cocaína, una historia entre líneas (2011)

Viejas y nuevas violencias

Quizá nadie lo dijo mejor que el Banco Mundial en su Informe Mundial sobre Desarrollo del año 2011. En todo el mundo, 1.500 millones de personas viven en situaciones que no pueden calificarse claramente de guerra o paz, de violencia política o violencia criminal.

Las guerras interestatales están en declive. Para entender la guerra en la actualidad es mejor olvidar la II Guerra Mundial y similares. Las guerras internas son más frecuentes, con 32 activas el año pasado, una cifra que se mantiene relativamente estable (aunque el número de víctimas aumenta, debido sobre todo a la situación en Siria).

Y proliferan por todo el mundo situaciones donde es difícil definir el tipo de violencia organizada que tiene lugar y a quienes la perpetran. Las categorías tradicionales no alcanzan para definir y clasificar estos procesos. Como consecuencia tienen un impacto desigual en los medios y, cuando los alcanzan, frecuentemente son simplificados.

Más de 60.000 personas murieron violentamente en México durante el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012). Incluso sin sumar los secuestros, desapariciones, y víctimas de torturas y violaciones de los derechos humanos, la cifra superan a las de muchas guerras. Pero aquí la “guerra” es contra las drogas: entre el gobierno y los cárteles del narcotráfico, dentro de los cárteles y entre ellos. El DIH no se aplica, y las violaciones de los derechos humanos están a la orden del día. Los cárteles ejercen su influencia por todo el país, como muestra The New York Times en este mapa.

En lugares tan lejanos como Afganistán y Colombia, la violencia política y la guerra se entrelazan con la economía ilegal de las drogas y el crimen organizado. Actores de la guerra participan en este negocio. Y hay un fuerte debate sobre si es posible terminar a la vez con una insurgencia y con las drogas, o si una cosa impide la otra. Para algunos analistas, como Vanda Felbab-Brown en su libro Shooting Up, ambas guerras son incompatibles: erradicar las drogas echa a los campesinos, que no tienen alternativas, en brazos de la insurgencia. 

Grupos terroristas como Al Qaeda y sus “franquicias” regionales (como la de Yemen y Arabia Saudí, AQAP) conducen ataques contra sus propios países o en otros. Mientras, algunos de ellos, como la propia Al Qaeda del Magreb (AQMI) aprovechan antiguas rutas del contrabando y áreas remotas para financiarse con la economía ilegal y el secuestro, especialmente de occidentales.

Mientras, en la República Democrática del Congo, milicias locales y miembros de gobiernos vecinos sostienen una violencia continua con la minería y la explotación de minerales muy valiosos como el oro y el coltán. Este último es un mineral estratégico vital para muchas industrias, entre ellas la electrónica. Algunos han llamado a este conflicto la guerra “PlayStation“.  

Las tipologías de la violencia son complejas pero lo que está claro son sus efectos. Este mapa del Internal Displacement Monitoring Centre muestra la situación global de personas desplazadas por la violencia y la inestabilidad. El arco se extiende por todo el mundo y afecta especialmente a los países del Sur.

No es casualidad. La violencia organizada contemporánea tiene múltiples causas: nacionales e internacionales; individuales y sociales; políticas y económicas. El desempleo juvenil; el empobrecimiento; el incremento de población urbana sin expectativas; las tensiones regionales, sociales, étnicas y religiosas…

Todo ello es fuente de tensión, y es más fácil que derive en violencia cuando además las instituciones son frágiles y apenas pueden dar respuestas (en algunos casos porque han sido “vaciadas” de poder y medios). Y cuando los mecanismos tradicionales de una sociedad para resolver conflictos se han visto desbordados o desmantelados por las presiones de los cambios socioeconómicos, políticos y demográficos.

En muchos casos, a esto se suma otra pauta. Las redes económicas ilegales con las que sobreviven personas que carecen de alternativas conectan, muchas veces, con los mercados financieros internacionales y las economías desarrolladas. ¿A dónde si no van a parar las drogas, el coltán o el oro? Las armas, por su parte, recorren el camino contrario.

La distribución geográfica y social de la violencia contemporánea tiene raíces profundas y estructurales. No es un capricho o una anomalía. La falta de desarrollo y de equidad genera expectativas frustradas, economías ilegales, inseguridad y violencia. A la vez el conflicto y la violencia son barreras para el desarrollo, como señala el International Dialogue on Peacebuilding and State-building.

Sin entender que este círculo vicioso se retroalimenta a sí mismo no es posible entender por qué estalla la violencia y por qué es tan duradera. Cualquier esfuerzo por ponerle fin requiere en primer lugar saber de qué se trata.

Old and New Violence(s)

It was possibly the World Bank who best explained it in the World Development Report 2011. Around 1.5 billion people worldwide live in situations that cannot be described as war or peace, amidst repeated cycles of political and criminal violence.

Interstate wars are in decline. If we want to understand contemporary violence, let’s forget the II World War and similar events. Internal (intrastate) wars are more typical today, with 32 armed conflict active last year. The figure is relatively stable although numbers of victims were higher in 2012 (mainly due to the Syrian situation).

There is a proliferation of settings worldwide where the accurate description of the type of violence at stake is difficult, not to mention the nature of the actors involved. Traditional categories are not enough to define and classify those processes. Among the consequences, many of them receive scarce attention in mainstream media and, when they do, they are over-simplified.

More than 60.000 persons were killed in a six-year period in Mexico, under the Government of Felipe Calderon (2006-2012). Even if you leave aside kidnapping, disappeared people, and victims of torture and human rights violations, that figure is higher than in many wars. But here the war is against drugs: between the Government and the narco-trafficking groups, among the groups and within them. International Humanitarian Law does not apply. But the cartels area of influence reaches most of Mexican territory, as The New York Times shows in this map.

In countries so different and distant such as Afghanistan or Colombia, political violence and war intertwine with the illegal economy of drugs and organized crime groups. War actors take part in this business. And there is a growing debate about the methods and path of counter-insurgency. More accurately, the question is: Is it possible to fight at the same time against insurgency and against drugs? Or do both objectives need differentiated approaches? According to some analysts, among them Vanda Felbab-Brown in her book Shooting Up, both ‘wars’ are incompatible: if you engage in forcible drug eradication, farmers without feasible alternatives will turn to insurgent groups for protection. From this point of view, counter-insurgency is at odds with counter-drugs.

Terrorist groups such as Al Qaeda and its regional ‘franchises’ (like Al Qaeda in the Arabian Peninsula, AQAP) perpetrate attacks in their own countries and/or in others. Some of them take advantage of old smuggling routes and isolated areas to finance themselves through kidnapping for ransom (especially of Western citizens) and illegal smuggling activities. This is the case of Al Qaeda in the Islamic Maghreb, AQMI.

Meanwhile, in the Democratic Republic of Congo (DRC), local militia and members of neighbouring Governments fuel and finance a continuous cycle of violence through mining and exploitation of valuable mineral resources like gold and coltan. The latter is strategic for many industries and sectors, among them electronics. This deadly conflict has been called ‘the PlayStation war’.

The typologies and categories of contemporary violence are complex but their outcomes and consequences are clear. This map of the Internal Displacement Monitoring Centre provides an overview of forcibly displaced population worldwide. The instability arch has worldwide dimensions and specially affected are South countries.

This is far from casual. Contemporary organized violence is rooted in complex set of causes: national and international; individual and societal; political and economic. Youth unemployment; inequity and poverty rates; increasing rates of marginalized urban population; regional, social, ethnic and religious tensions…

All those factors, and others, cause civil unrest and may derive in violence, especially when they coexist with fragile institutions and bad governance. At times institutions have been hollowed out from power and means. And traditional mechanisms and procedures to accommodate interests and resolve societal conflicts have been weakened or even crushed under the pressure of socioeconomic, political and demographic changes.

In many places there is another factor to take into account. Informal and illegal economic networks that many people join as a coping strategy are frequently connected with international financial markets and developed economies. Where do illegal drugs, coltan or gold go, if not here? Weapons, on its part, travel in the opposite direction.

The geographical and social distribution of contemporary violence has strong and structural roots. It is not an anomaly or a fancy. Lack of development and equality give place to frustrated expectations, illegal economies, violence and insecurity. On its part, conflict and violence are barriers for development, as the International Dialogue on Peacebuilding and State-building has pointed out.

It’s not possible to understand why violence erupts and why it is so durable without a correct understanding of that vicious circle. Any effort to put an end to violence cycles requires, as a first step, get a better insight on what is happening and why.

Mi primer post: ¡Bienvenidos/as!

Aquí estamos mi blog y yo. Después de mucho tiempo pensando “cómo me gustaría tener un blog para hablar de todas aquellas cosas que me interesan”, por fin este espacio y este proyecto dan sus primeros pasos.

Mi intención es que The Making of War and Peace sea un espacio donde hablar de conflictos armados y violencia organizada en la era de la globalización. Con todas sus realidades y su complejidad, intentaremos ir analizando cuáles son las causas, y las consecuencias, de la violencia en el mundo contemporáneo.

Hablaremos por tanto de guerras, como la de Afganistán, la de Colombia o la de la República Democrática del Congo, entre muchas otras. Pero también de situaciones de alta violencia que no responden al concepto de “guerra” (como México o Centroamérica), y de actores que mantienen un carácter político pero se financian con economías ilegales (como en Colombia o Afganistán).

Pero éste también es un espacio para la construcción de la paz, y para todos aquellos actores que, desde lo más local al ámbito internacional, trabajan (y muy duro) para hacer de la paz un proyecto viable.

Por supuesto no tengo muchas respuestas. Pero al menos me gustaría plantear las preguntas. Entre otras, y por ejemplo: ¿Qué retos plantean la llamada ‘guerra contra las drogas’ y las economías del narcotráfico para la construcción de la paz? ¿Y la proliferación de normas y leyes antiterroristas, tanto globales como nacionales? ¿Qué ocurre cuando un grupo armado político (terrorista o insurgente) se financia con economías ilegales?

Me gustaría que este fuera un espacio para la información y para los debates más actuales. Y que juntos podamos analizar y debatir sobre estas cuestiones.

De momento, este post sólo pretende dar un mensaje: bienvenidos a este blog.