Entrevista: EE UU y la UE callan ante la violencia en México

Hoy me entrevista Alejandro Gutiérrez, corresponsal en España de la revista Proceso, sobre la desaparición de 43 estudiantes en Guerrero, la violencia que vive el país en relación con el narcotráfico y la corrupción, y el silencio de Estados Unidos y la UE.

El silencio que guardan las principales instituciones de gobierno de Estados Unidos y la Unión Europea ante un hecho tan atroz como la muerte y desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa es aún más notorio si tomamos en cuenta que este caso no es la excepción, sino la regla de la violencia extrema que vive México”, advierte la periodista Mabel González Bustelo.

Puedes leer la entrevista completa en la web de Proceso.

El dilema de los minerales de conflicto

Post publicado originalmente en el Blog Paz, en Construcción (El País, 9 de mayo de 2014)

¿Contiene tu teléfono móvil, o tu consola, tántalo procedente de minas controladas por actores armados en el este de la RDC? Al comprarlo, ¿estás contribuyendo a financiar la violencia? Y si así fuera, ¿qué puedes hacer –tú y otros- para evitarlo?

La explotación ilegal de minerales valiosos en contextos de conflicto, y el uso de los beneficios para financiar actores armados y sostener la violencia, es un fenómeno reconocido desde hace años.

Los llamados “minerales de conflicto” son parte importante de los debates que, desde instituciones académicas, ONG y medios de comunicación, han analizado la importancia relativa de la codicia y/o los agravios como causas de la violencia y las guerras en el mundo actual. A la vez, tanto la ONU como otros organismos han tratado de abordar esta cuestión mediante medidas en dos grandes vías: por un lado la prevención y regulación y, por otro, medidas coercitivas para recuperar o establecer el control legítimo sobre estos sectores.

EE UU ha ido ahora más lejos. Y la empresa con base en Taiwán Siliconware Precision Industries Ltd (SPIL), fabricante de microprocesadores, se ha convertido en la primera en aplicar la ley de este país que impone medidas de transparencia y control a las compañías que operan con minerales que podrían proceder de zonas de conflicto armado, especialmente la región de los Grandes Lagos y el este de la RDC. Las demás, si no lo hacen antes de forma voluntaria, debe presentar sus informes el 2 de junio.

La norma es la Sección 1502 de la llamada Ley Dodd-Frank, relativa al uso de minerales de conflicto. Las empresas cotizadas deben publicar un informe anual relativo a sus cadenas globales de suministro de minerales, las medidas adoptadas para determinar su origen y, en el caso de que procedan de zonas de guerra en África Central, garantizar que no financian a actores armados; así como una descripción de sus productos manufacturados que pueden contenerlos. Esta información debe recogerse en el informe anual y publicarse en sus páginas web.

El principal valor de esta regulación es que hace avanzar en el concepto de responsabilidad corporativa en zonas de conflicto y establece un precedente importante: la responsabilidad abarca la cadena global de suministro y también los procesos de producción subcontratados a otras entidades. El grado de transparencia tiene como objetivo último que el consumidor pueda ejercer una elección responsable cuando, por ejemplo, cambia de modelo de teléfono móvil.

En el este de la RDC la abundancia de minerales, la ausencia de estado y la proliferación de actores armados han generado una letal combinación de intereses internos y externos. El resultado es una crisis crónica cuyos efectos sufren los civiles en forma de violencia, desplazamiento, epidemias, extorsión y pobreza. El comercio ilegal afecta principalmente al estaño, tungsteno, oro, y coltán y su derivado el tántalo, utilizados en la industria electrónica, metalúrgica y aeroespacial, entre otras.

Mucho antes, los diamantes financiaron las guerras en Angola y Sierra Leona.

Las estrategias internacionales y nacionales adoptadas hasta ahora en la RDC y otros contextos para gestionar los minerales de conflicto han mostrado sus límites. En general se han basado en dos grandes vías de actuación. La primera es coercitiva, y trata de devolver el control al estado mediante el apoyo directo y sanciones o embargos a los grupos no estatales. En el caso de la RDC la misión internacional de paz, MONUSCO, ha dado apoyo a las autoridades para recuperar ese control. La segunda gran vía son las iniciativas de regulación, que pretenden evitar que esos minerales lleguen a los mercados. Este mapa detallado de las zonas mineras del este de la RDC, elaborado por el IPIS, ha servido en ocasiones para detallar la procedencia de los minerales.

Ambos tipos de estrategia han tenido efectos imprevistos muy visibles en la RDC, por ejemplo el apoyo al estado para ampliar su autoridad, a través de la MONUSCO. En ocasiones, allí donde las Fuerzas Armadas (FARDC) toman el control, la economía militarizada de los minerales simplemente cambia de manos, mientras la brutalidad, el beneficio de unos pocos y los sistemas de clientelismo y corrupción continúan.

En cuanto a la Ley Dodd-Frank, algunas empresas han optado por la vía más fácil: dejar de comprar minerales aquí, ante los daños potenciales a su imagen y el coste de adoptar medidas de responsabilidad. Otras, que han decidido continuar pero no están sujetas a la ley estadounidense, han bajado los precios a los productores. La economía local ha sufrido y no ha afectado sólo a los grupos armados sino a miles de pequeños mineros artesanales.

Un reciente artículo en The Washington Post señala que, en la RDC, las acciones internacionales se basan en narrativas simplificadas que a su vez conducen a respuestas fáciles. Para unos, hay que dar más importancia a los conflictos locales relacionados con la tierra, ciudadanía e identidad. Otros cuestionan la importancia de los minerales en la financiación de la violencia, y otros más señalan que los grupos armados recurrirán a otros recursos si el acceso a los minerales se ve afectado.

Todo ello indicaría que existen dinámicas más profundas y complejas: una militarización de la economía, especialmente de los sectores más vulnerables y lucrativos (minería, contrabando, otros comercios ilegales) y un gobierno privatizado sobre recursos clave que se ejecuta por medios violentos. Entre esos recursos está la población que, como señalaba Oxfam, ha sido transformada en otra mercancía de guerra.

¿Quiere esto decir que la solución sería no regular o, en general, no intentarlo? Al contrario. Quizá habría que ir más lejos, y utilizar estas medidas como base para otras más ambiciosas de carácter diplomático, político y de desarrollo. Desde el International Crisis Group se sugiere que Europa puede y debe ir más lejos que EE UU y adoptar un enfoque integral: regulación, pero también iniciativas para el desarrollo de las comunidades mineras, y diálogo político con los países productores y las instituciones multilaterales para abordar en serio la reforma del estado y de las fuerzas de seguridad.

Recursos valiosos como los minerales juegan un papel importante en economías de guerra pero no el único. Se utilizan para financiar luchas por el poder ancladas en dinámicas sociales y políticas. La dicotomía entre codicia y agravios sería una simplificación ya que todos los actores involucrados buscan beneficios pero también poder. La combinación más letal tiene lugar allí donde la abundancia de recursos valiosos y fácilmente explotables se combina con pobreza aguda, en contextos de mal gobierno y proliferación de actores violentos. Más tarde, esa riqueza en minerales y recursos que, en teoría, podría ser vital para la recuperación posconflicto, en muchas ocasiones es un obstáculo ya que el control sobre ellos determina (y dificulta) las alianzas y acuerdos políticos. De nuevo: se trata de recursos y de poder.

Las respuestas, por tanto, deberían darse en ambos planos. Sólo así se evitaría que “extender la autoridad de un estado depredador resulte simplemente en que se reemplaza un grupo de perpetradores (grupos rebeldes congoleños y extranjeros) por otro (autoridades y fuerzas de seguridad del estado)”.

Cuando lo impensable se hace realidad

El acuerdo entre Irán y el grupo P5+1 (los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Alemania) habría sido impensable hace sólo unos meses, incluso semanas, pero ya es una realidad. Se trata de un acuerdo parcial, que puede provocar una fuerte oposición internacional y en Irán y EE UU, pero es un primer paso importante. Y no sólo para resolver la crisis nuclear sino para una normalización de relaciones más amplia.

Se trata de la mejor noticia desde que comenzó la crisis nuclear, cuando se conoció el avance del programa iraní en 2002. En resumen, Irán accede a imponer ciertos límites a su programa nuclear, mientras el grupo P5+1 pone límites a las sanciones económicas. Durante seis meses, las partes acceden a:

Irán

  • Frenar el enriquecimiento de uranio por encima del 5%.
  • Las existencias de uranio enriquecido al 20% serán diluidas o convertidas a otro formato que no permita el enriquecimiento.
  • Las existencias de uranio enriquecido al 3,5% no aumentarán de aquí al final de los seis meses.
  • No se instalarán más centrifugadoras; sólo se fabricarán nuevas centrifugadoras para sustituir las dañadas, y el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) tendrá acceso a los lugares donde se fabrican.
  • No más construcción ni trabajos experimentales en el reactor de Arak, y no se construirán nuevas instalaciones para el enriquecimiento (se frenan los planes para construir 10 más).
  • El OIEA puede realizar un monitoreo incluso diario del enriquecimiento y tendrá más acceso a las minas de uranio.

P5+1

  • No habrá nuevas sanciones económicas.
  • Se suavizan las sanciones sobre las exportaciones iraníes de oro, metales, sector del automóvil y petroquímico.
  • Se permite la transferencia a Irán de en torno a 4.200 millones de dólares que hasta ahora estaban “congelados”.
  • Se permiten las transferencias con fines educativos y de otro carácter.
  • Más flexibilidad para el comercio con Europa en sectores no sujetos a sanción.

El importe total de bienes y fondos iraníes que estará disponible ronda los 7.000 millones de dólares. También se establece una Comisión Conjunta para verificar el cumplimiento y gestionar los problemas que puedan surgir.

La próxima fase de las negociaciones comenzaría en seis meses, siempre que las partes cumplan lo estipulado, y el objetivo final sería un acuerdo más amplio y permanente. No se conoce de forma concreta cuáles serán los puntos de la negociación aunque, si ésta es ambiciosa, permitiría eliminar todas las sanciones sobre Irán siempre que este país acepte una supervisión de su programa nuclear que garantice que es de uso civil, y no para fabricar armas nucleares.

Algunos asuntos que sí se tratarán en la negociación ya se han avanzado en el acuerdo actual (así como el objetivo de cerrar un acuerdo final en un plazo máximo de un año). Entre ellos están:

  • Eliminar las sanciones (nacionales, multilaterales, y las del Consejo de Seguridad)
  • Los límites se establecerán por un periodo de tiempo definido, después del cual el programa civil será tratado como cualquier otro de un país parte del Tratado de No Proliferación.
  • Se permitiría un programa limitado de enriquecimiento.
  • Se resolverían las cuestiones relativas al reactor de Arak.
  • Más capacidad y acceso para el OIEA.
  • Un enfoque paso a paso, y el principio de que “nada está acordado hasta que todo lo esté”. Es decir, no habría acuerdos parciales salvo que se alcance un acuerdo total.

Volviendo a la situación actual, los problemas para implementar el acuerdo pueden ser muchos y diversos. El más obvio: que alguna de las partes no cumpla. Irán podría, por ejemplo, poner dificultades al monitoreo del OIEA. El Congreso de EE UU podría oponerse a levantar las sanciones. Aquí sin embargo hay que aclarar que las afectadas por este acuerdo fueron impuestas por Decreto Presidencial, y el presidente puede levantarlas sin aprobación del Congreso. Además de que la UE puede (y debería) actuar de forma independiente.

Los “duros” de ambas partes pueden, por otro lado, intentar boicotear el proceso o al menos intentar sacar ventaja de cualquier problema que surja.

Todo esto es normal. Una cuestión importante en cualquier iniciativa diplomática es que requiere no sólo esfuerzos visibles sino otros elementos importantes pero intangibles. Uno de ellos es la confianza. Una relación problemática tan antigua como la de EE UU e Irán crea desconfianza y sospechas, que con el tiempo se hacen más difíciles de solucionar.

En ese sentido, la mayor ventaja de este acuerdo es que es concreto, y se basa en acciones de cada parte cuyo cumplimiento es verificable y medible, dejando menos margen para que esos otros factores jueguen un papel. La clave es que se ha acordado una agenda concreta para la cooperación.

Lo ha dicho el ex presidente iraní Rafsanjani en una entrevista con el Financial Times: El acuerdo final será más fácil después de que el tabú (de hablar con el otro) se ha roto. El acuerdo parcial requería “romper el hielo, pero la segunda fase será rutina. Parte del problema es que hablar con EE UU era tabú, un tabú difícil de romper”.

Lo mismo podría decirse del otro lado.

Las reacciones y su significado

Israel y Arabia Saudí han sido los críticos más duro de este acuerdo (aunque hay más, por supuesto). Israel lo ha calificado de error histórico, mientras Arabia Saudí ha afirmado en repetidas ocasiones que desarrollaría su propio programa si se le permitía a Irán continuar con el suyo.

Ambos países tienen en común que han sido los aliados más estrechos de EE UU en esta región durante décadas. Ambos han sido dependientes de EE UU en cuestiones de seguridad (a veces, incluso, con Washington participando militarmente). Y EE UU ha intervenido en cualquier problema que surgiera en esta zona, para protegerlos.

El apoyo a Israel es más conocido, pero lo mismo ha ocurrido con Arabia Saudí. Es la protección de EE UU lo que le ha permitido a este país transformar su riqueza petrolera en un inmenso poder político e influencia en el mundo árabe y musulmán. Los dos han tenido también, mucho tiempo, la mayor influencia en Washington. Esto podría cambiar en un futuro no muy lejano.

Para EE UU se está abriendo un nuevo escenario en esta región después de Afganistán e Irak; la intervención en Libia; la guerra de Siria; y las llamadas primaveras árabes. El descontento y la protesta aumentan, los regímenes autócratas no son unos aliados tan fiables como se pensaba, y crecen en poder fuerzas radicales suníes. Irán, con ciertos intereses comunes y una agenda chií, podría ser un equilibrio para esas fuerzas.

Otros miembros del P5+1 siguen sus propias estrategias. Francia puso en riesgo la posibilidad del acuerdo, probablemente pensando en las oportunidades de mercado para sus empresas de armamento y energía en las monarquías del Golfo (Arabia Saudí, de forma notable). Entre tanto, Alemania y el Reino Unido ven las oportunidades que plantea el sector energético iraní.

Israel sale beneficiado con el acuerdo, independientemente de la retórica y de las posiciones de Netanyahu. Puede que tenga que acostumbrarse a convivir con un Irán que ya no sea un paria internacional, pero podría venirle bien que esto debilite a otros países árabes. De hecho, miembros destacados de las fuerzas de seguridad han expresado opiniones positivas sobre el acuerdo (quizá porque son conscientes de lo que significa).

El peor escenario se produce para Arabia Saudí y otras monarquías del Golfo Pérsico, ya que sus problemas con Irán van mucho más allá del asunto nuclear. Una relación normalizada entre EE UU e Irán es una pesadilla en Riad por su viejo enfrentamiento con Teherán y los difíciles equilibrios internos que maneja. También va en contra de sus posiciones en la guerra de Siria. En pocas palabras, las fuerzas geopolíticas se alinean en su contra, y esto afecta a su política externa y a la interna.

Para terminar esta entrada tan larga. Un punto para los críticos: es cierto que se trata sólo de un acuerdo parcial y limitado en el tiempo, que afrontará muchos obstáculos y que el acuerdo final puede ser más difícil de lograr. Un punto para los defensores: el acuerdo tiene la ventaja de que se basa en acciones concretas cuyo cumplimiento es verificable, y que puede crear confianza y unas relaciones constructivas.

Pero sobre todo, es un ejemplo de cómo la diplomacia puede lograr más que la hostilidad (y que la guerra). Veremos qué sucede.

Siria (3 de 3): Juegos geopolíticos

 

Las protestas comenzaron en la primavera de 2011 como manifestaciones pacíficas para reclamar apertura y reformas democráticas. Influidas por acontecimientos similares en otros países de la región en el marco de la llamada “primavera árabe”, y al igual que pasó en algunos de ellos, pronto el ejército y milicias pro-gubernamentales respondieron con represión y violencia. El presidente Assad anunció reformas limitadas pero la violencia creció y no ha dejado de hacerlo hasta hoy.

No se pueden comprender los acontecimientos sin tener en cuenta la trama de intereses y agendas regionales e internacionales que aquí confluyen y que están influyendo sobre el curso de los acontecimientos. Siria es el escenario de juegos geopolíticos que lo han transformado en una guerra interpuesta similar a las de la Guerra Fría. Los intereses externos han convertido esta crisis en un juego de “suma cero” donde cada actor lucha por sus intereses estratégicos y contribuye con apoyo diplomático, financiero e incluso militar a alimentar el conflicto y polarizar a todas las partes. 

graphic_1378382738Syrian Needs Analysis Project: Mapa del conflicto, agosto de 2013

Dada la complejidad de los intereses en juego no pretendo reflejarlos todos en esta entrada. Ésta es sólo una aproximación, breve, que sólo pretende ofrecer una primera mirada a esos actores internos y externos y sus agendas. Al final hay una lista de documentos oficiales sobre el conflicto que quizá sean de utilidad.

ACTORES LOCALES

El régimen y su presidente, Bashar el-Assad

Accedió al poder en 2000 para suceder a su padre, que había gobernado durante treinta años. Comandante del ejército y presidente del Partido Baaz, algunos sectores tenían expectativas en su talante reformista y en que pondría en marcha reformas democráticas.

El régimen de los Assad es autocrático y secular y ha mantenido el papel estratégico de este país en la región a través de alianzas con Irán, con Hamás en Palestina y con Hezbolá en Líbano. Políticamente represivo ha sido, sin embargo, tolerante en términos religiosos, en un país tradicionalmente laico. Aunque la familia el-Assad pertenece a la minoría alauí, la apoyan otras minorías religiosas y partes importantes de las clases medias urbanas, así como del ejército, el sector público, algunos sectores económicos y los sindicatos.

Los factores religiosos, en gran medida ausentes al inicio del conflicto, han ido ganando importancia debido a varias cuestiones, principalmente la composición actual de varios grupos rebeldes y de parte de la oposición y los apoyos exteriores.

Actualmente, muchos sirios se enfrentan a la contradicción de tener que elegir entre un régimen cerrado y una oposición polarizada y dividida, mientras sufren una gravísima crisis humanitaria y una situación económica desastrosa.

La oposición

Los grupos de oposición (armados y no armados) están muy lejos de tener una opinión común sobre el futuro político del país. Hay rivalidades de todo tipo: entre líderes locales y exiliados; entre comandantes de diferentes grupos que luchan en territorio sirio, y entre aquellos que buscan una solución intermedia con el régimen y los que no cesarán hasta derribar toda su estructura. Los activistas laicos e islamistas mantienen sus desacuerdos, mientras grupos kurdos buscan ampliar el grado de autonomía para esta minoría y facciones armadas yihadistas ganan fuerza a través de su brutalidad en el combate.

Ha habido varios intentos de crear una oposición unida, algunos apoyados desde el exterior. El Consejo Nacional Sirio se creó en 2011 en Turquía e incluye a diversos grupos, la mayoría ligados ideológicamente a la Hermandad Musulmana. En noviembre de 2012, EE UU y otros países apoyaron la creación de la Coalición Nacional de la Oposición y las Fuerzas Revolucionarias, un “paraguas” de grupos diversos que buscan el final del régimen mediante la lucha política y armada, y que aspira a convertirse en gobierno de transición cuando colapse. Reconocidos por el Consejo de Cooperación del Golfo, la Liga Árabe (excepto Irak, Argelia y Líbano) y países de la OTAN como Francia, EE UU, Reino Unido y Turquía. 

El Ejército Libre Sirio es el principal grupo armado. Nació en 2011 y cuenta con alrededor de 100.000 combatientes. Inicialmente formado por desertores del ejército, luego se unieron civiles y milicias locales, aunque sigue siendo una coalición dispersa de milicias sin estructura unificada ni ideología coherente.

El Frente Al Nusra hizo su aparición a comienzos de 2012. Aunque siguen siendo minoritarios entre la oposición, incluyen a grupos militantes islamistas y combatientes extranjeros. Tiene vínculos con Al Qaeda en Irak y recluta en Siria y en el extranjero para luchar por un estado islámico. Incluidos por el Departamento de Estado de EE UU en la lista de grupos terroristas a finales de 2012, su brutalidad ha tenido el efecto general de agravar la violencia de todas las partes.

Un número indeterminado de milicias kurdas comenzaron a controlar ciudades y pueblos de mayoría kurda en el norte y este del país, elevando la tensión con el vecino gobierno turco. Recientemente se han enfrentado abiertamente con los grupos de orientación yihadista.

ACTORES EXTERNOS

EE UU, Reino Unido y Francia

EE UU ha considerado a Siria desde su independencia como una amenaza para sus intereses estratégicos. Ya en los años cuarenta Siria apoyó la causa palestina, luego libró tres guerras contra Israel y ha mantenido abierta la tensión sobre la cuestión de los Altos del Golán. El apoyo recibido de la Unión Soviética dio una nueva dimensión a esta rivalidad, que más recientemente se ha manifestado con la alianza de Siria y los principales enemigos de EE UU en la región: Irán, Hezbolá y Hamás. En círculos políticos estadounidenses hace mucho que se considera a Siria una amenaza para los intereses estratégicos de este país. Aquí lo explica The Economist y aquí, de forma aún más clara, la Hoover Institution.

Los intereses geopolíticos actuales y las razones históricas se mezclan de forma aún más acusada en los casos de Francia y el Reino Unido (los dos fueron potencias coloniales en el actual territorio sirio). Ambos comparten con EE UU la defensa de los intereses occidentales en Oriente Medio, la competencia con Rusia y China y ahora su intención de reemplazar al gobierno sirio por uno más favorable a sus intereses (algo que también serviría para debilitar a Irán). Para el Reino Unido hay que añadir su “alianza estratégica” con EE UU y Francia persigue intereses de largo plazo y mejorar su imagen internacional.

En mayo de 2013, ambos presionaron en la UE para relajar el embargo de armas sobre Siria y así abrir las oportunidades de proporcionar armas a los rebeldes.

Rusia

Uno de los más importantes apoyos del gobierno sirio, tiene aquí intereses estratégicos y comerciales, en algunos casos desde la época soviética. El enfrentamiento sirio con Occidente desde su independencia le llevó a buscar (y obtener) apoyo de Moscú. Hoy, Rusia exporta armas a este país y tiene vínculos comerciales importantes. El puerto de Tartús en Siria es su única base naval permanente en el Mediterráneo. La defensa del régimen sirio en oposición a Occidente es también parte de un principio más general de no injerencia que sirve a sus propios intereses internos.

Rusia apoyó el plan de paz conjunto del enviado de la ONU y la Liga Árabe, Kofi Annan, como una forma de alcanzar un acuerdo político. Ha explorado también otras opciones y finalmente ha llegado a un acuerdo con EE UU sobre el arsenal químico sirio.

China

China se ha unido a Rusia para bloquear resoluciones críticas sobre el gobierno sirio en el Consejo de Seguridad de la ONU y ha sido crítico sobre la posibilidad de un ataque militar. Aunque no se juega intereses estratégicos, su postura puede obedecer a una mezcla de razones: una política exterior más asertiva; preocupación por el componente islamista de parte de los rebeldes; enfado por los eventos en Libia (donde la intervención de la OTAN fue mucho más lejos de lo que se había autorizado inicialmente) y una preocupación compartida con Rusia sobre la excesiva injerencia occidental en Oriente Medio.

Turquía

Turquía mantuvo relaciones pacíficas pero distantes con el gobierno sirio durante años y cuando comenzaron las protestas trató de influir para que se iniciaran reformas. Sin embargo, desde el inicio del conflicto abierto ha sido uno de los mayores críticos del gobierno sirio. A Turquía le afecta de forma seria la violencia en su frontera y el Parlamento autorizó una acción militar transfronteriza para frenarla a principios de 2012. En este país se encuentran refugiados políticos sirios y algunos de los grupos políticos y armados de oposición, especialmente los más ligados a la Hermandad Musulmana. Otro factor de preocupación para Ankara es cómo evolucione la situación de las minorías kurdas en Siria. La opinión pública es contraria a la injerencia en los asuntos del país vecino.

Arabia Saudí 

Durante años Arabia Saudí ha rivalizado con el gobierno sirio por el poder regional. Ha sido muy activo promoviendo y apoyando la acción militar contra el régimen y proporciona apoyo a grupos de oposición, especialmente los salafistas. Irán es su mayor enemigo y competencia por la hegemonía política en Oriente Medio y el Golfo Pérsico, y su objetivo es romper la alianza de este país con Siria para debilitarlo.

También los enfrenta el apoyo sirio a Hamás, mientras Arabia Saudí apoya a Fatah y aquellos otros que son favorables a un acuerdo de paz con Israel. Finalmente el régimen saudí se ha auto-nombrado defensor de los suníes en el mundo musulmán frente a los chiíes (que gobiernan siria, son mayoría en Irán y también una importante minoría en este país), en una rivalidad en la que se mezclan la religión, la política y el poder.

Qatar

Es el principal proveedor de armas para los rebeldes, a los que se cree que ha proporcionado entre 1.000 y 3.000 millones de dólares en apoyo financiero. Su apoyo indiscriminado a cualquiera que parezca tener posibilidades de derrotar al gobierno ha contribuido a minar la credibilidad de la oposición y a fragmentarla. Grupos yihadistas han aprovechado este fácil acceso a armas y dinero para hacer su aparición en el escenario sirio. Su rivalidad con Arabia Saudí, que se expresa en muchos terrenos y especialmente en este conflicto, se basa en sus distintas experiencias históricas con los Hermanos Musulmanes y sus diferentes reacciones ante la ola de protestas desatada en 2011 en el mundo árabe.

Israel

Su enfrentamiento con Siria viene de la creación de ambos países en los años cuarenta, cuando la Siria independiente apoyó la causa palestina y libró tres guerras con Israel, que mantiene actualmente el control sobre los Altos del Golán. Siria ha mantenido la confrontación con Israel hasta la actualidad, si no con el enfrentamiento directo sí con su apoyo a Hezbolá y Hamás. Había expectativas de que Israel pudiera por tanto beneficiarse de la caída del gobierno de los al-Assad, pero tanto la composición actual como la orientación ideológica de parte de la oposición hacen ese futuro muy incierto.

El ejército israelí ha analizado la posibilidad de incursiones limitadas en la frontera con Siria para crear un área de seguridad y evitar que los bombardeos puedan alcanzar su territorio. A principios de 2013, cuando los enfrentamientos entre ejército y oposición alcanzaron su frontera, Israel respondió con un ataque aéreo.

Líbano

Las divisiones internas del país se reflejan en sus posiciones con respecto a la crisis siria, que tiene un impacto potencial muy importante aquí. La mayoría chií, en su mayor parte representada por Hezbolá, tiene en al-Assad a su más cercano aliado, mientras parte de la población suní simpatizaría con los rebeldes y los cristianos estarían divididos. Debido al sistema político libanés (donde las posiciones de poder se reparten entre los tres principales grupos religiosos) la evolución en Siria tiene alta capacidad de alterar los equilibrios políticos libaneses. 

El norte del país ha asistido a la llegada de refugiados, desertores y miembros de grupos rebeldes. A veces, como en la ciudad de Trípoli, ha habido tensiones entre los suníes y la minoría alauí pro-Assad, que también han tenido eco en el sur. Pero la mayoría de los suníes libaneses son laicos y sólo algunos extremistas se han unido a la lucha en Siria. El ejército permanece neutral.

Jordania

Ha recibido medio millón de refugiados sirios. El gobierno ha reclamado una solución política, aunque se cree que también ha proporcionado armas a algún grupo rebelde al principio de 2013. Teme que el conflicto se desborde y desestabilice su territorio y, cuando se planteó el ataque internacional, el gobierno respaldó una intervención limitada si se probaba el uso de armas químicas por el régimen (aunque limitada a los arsenales). Su posición es difícil y trata especialmente de mantener sus equilibrios de poder, internos y externos, a salvo de esta crisis.

Irán

Irán ha sido el principal aliado regional de Siria durante mucho tiempo debido a sus múltiples intereses comunes: el apoyo a Hamás en Palestina, a Hezbolá en Líbano y la percepción de Israel como enemigo común, así como su búsqueda de una posición de poder en la región. Cuando EE UU invadió Irak en 2003, tanto Siria como Irán buscaron evitar un gobierno pro-occidental en Bagdad. Irán desarrolló una intensa relación con los partidos políticos chiíes y después con el gobierno iraquí.

Egipto

La inestable situación política interna ha impactado en sus alianzas regionales. El gobierno de Mohamed Morsi se opuso al régimen sirio, cortó relaciones con el país e hizo un llamamiento a establecer una zona de exclusión aérea (hay que recordar el papel de la Hermandad Musulmana entre los rebeldes sirios). Después del golpe militar que en agosto depuso al gobierno, las actuales autoridades de El Cairo rechazan apoyar a ningún grupo rebelde y se manifestaron contra una intervención sin autorización de la ONU. La cambiante posición egipcia es, por tanto, resultado de su política interna.

La ONU

La ONU hace un seguimiento de la situación en Siria, ha desplegado enviados de paz e inspectores de desarme y sus agencias humanitarias juegan un importantísimo papel en la crisis. El Consejo de Seguridad no ha logrado ponerse de acuerdo sobre la forma de frenar la violencia debido a los intereses divergentes de sus cinco miembros permanentes (China, Francia, EE UU, Reino Unido y Rusia).

El ex secretario general Kofi Annan fue nombrado Enviado de Paz de la ONU y la Liga Árabe y presentó un plan de paz en mayo de 2012. La propuesta incluía varios elementos: un proceso político liderado por los propios sirios; el cese de la violencia por todas las partes, supervisado por la ONU; permitir la llegada sin restricciones de ayuda humanitaria; intensificar la liberación de personas detenidas arbitrariamente; acceso a todo el país para los periodistas y respeto a los derechos de asociación y manifestación.

El plan se presentó en marzo de 2012 y en abril hubo un alto el fuego. La ONU desplegó una misión en Siria, pero le faltó liderazgo sobre las partes y el acuerdo se rompió muy pronto. Se trataba de un intento de compromiso político para estabilizar la situación y permitir a los sirios avanzar en negociaciones políticas. Pero quizá llegó demasiado tarde, ya que para 2012 la polarización era demasiado alta como para permitir acuerdos.

Una reflexión final. ¿Es éste un conflicto religioso?

De acuerdo a muchos expertos la respuesta es no… al principio. Lo que estaba en juego era la supervivencia del régimen. Pero la cuestión es que algunas minorías y colectivos religiosos lo apoyaban más que otros y esto influyó en los alineamientos. El factor religioso ha contribuido y se ha utilizado para alimentar la intolerancia por varias partes del conflicto en este país antes predominantemente laico.

La emergencia entre los rebeldes de milicias salafistas (tanto sirias como extranjeras) e incluso de grupos ligados a Al Qaeda, han polarizado las posturas hasta el extremo. Los papeles de Arabia Saudí e Irán son relevantes ya que explotan el factor divisivo suní-chií, lo que sólo añade complejidad adicional. Actualmente es imprescindible tener en cuenta los factores religiosos.

Se explica bien en este artículo: “Ésta no es una lucha puramente ni mayoritariamente por el Islam; es una guerra por el futuro de Oriente Medio. Desafortunadamente, toda la retórica sobre guerra sectaria se está volviendo muy rápido una profecía auto-cumplida”.

**********

Puede resultar una conclusión triste y poco esperanzada para esta serie de entradas. Pero después de revisar la situación humanitaria, las posibilidades (y algunas razones detrás) de un ataque militar y el complejo juego de intereses que está sobre la mesa, la principal cuestión que viene a la mente es: ¿Quién se preocupa por la población siria?

 

Algunos documentos oficiales

 

U.S. Government: Assessment of Syria’s Use of Chemical Weapons on August 21, 2013, The White House.

Statement by Secretary of State Kerry on Syria, August 30, 2013

Statement by President Obama on Syria, August 31, 2013

U.S. Senate Committee on Foreign Relations: “Hearing: The Authorization of Use of Force in Syria,” September 3, 2013

Draft Senate Resolution Authorizing Syria Strike, September 4, 2013

House Committee of Foreign Affairs: “Hearing: Syria: Weighing the Obama Administration’s Response,” September 4, 2013

Letter from the Chairman of the Joint Intelligence Committee (JIC) about reported chemical weapons use in Syria, Cabinet Office, United Kingdom, August 29, 2013

French National Executive Summary of Declassified Intelligence, September 2, 2013

France: Synthesis of declassified national intelligence on Syrian chemical program, past uses and 21 August attack

UK: Position on the legality of military action

UK: Joint Intelligence Organization’s assessment of allegations

Siria (2 de 3): Al borde de un ataque militar internacional

El conflicto sirio ha causado múltiples víctimas desde la primavera de 2011 por los combates, masacres, torturas y desapariciones forzadas, desplazamiento de población y debilitamiento o colapso de sistemas tan importantes como la salud o la educación. Más de 100.000 personas han muerto y más de un tercio de la población ha sido expulsado de sus hogares. Las tensiones en la región no han hecho más que crecer.

La posibilidad de un ataque militar internacional se ha frenado de momento, afortunadamente, gracias al acuerdo alcanzado el 14 de septiembre por Rusia y EE UU sobre el arsenal químico sirio. Sin embargo, hay razones para mantener la vista sobre este conflicto ahora y el el futuro. En primer lugar, el conflicto está lejos de resolverse y los actores internos, regionales e internacionales van a seguir persiguiendo sus intereses en este territorio. La violencia no ha finalizado. El acuerdo, por bienvenido que sea, no puede hacer olvidar que hemos estado al borde de otra intervención externa en Oriente Medio potencialmente tan catastrófica como las anteriores. Y hay asuntos muy importantes que quedan pendientes: la legalidad internacional; la intervención militar; cuestiones de poder e influencia; la gestión de asuntos de proliferación de armamentos y desarme, y la responsabilidad humanitaria, entre otros.

¿Por qué se consideró ahora una intervención internacional?

El año pasado, el presidente de EE UU Barack Obama marcó el uso de armas químicas como la “línea roja” que la comunidad internacional (su país) no toleraría en este conflicto. Por eso, ha sido después del ataque químico que tuvo lugar el pasado 21 de agosto, en el que murieron más de 1.000 personas, cuando las declaraciones y negociaciones sobre un ataque militar se han disparado.

La acción militar fue propuesta en primer lugar por EE UU, Reino Unido y Francia para disuadir al régimen sirio de Bashar El Assad de seguir adelante con su uso. Los argumentos utilizados: el régimen cruzó la línea roja y es imperativo detenerlo, a él y a otros que puedan eventualmente utilizar estas armas; el Derecho Internacional establece una prohibición clara de las armas químicas, por lo que es inevitable tomar medidas; se debe proteger a la población siria de más ataques; la credibilidad de la “comunidad internacional” está en juego, etc.

El Gobierno británico no pudo ir más allá, ya que el Parlamento rechazó el 29 de agosto la participación de este país en un ataque militar. Obama buscó durante un tiempo la aprobación del Congreso. Francia, entre tanto, afirmaba estar preparada para adoptar decisiones en cualquier momento.

Aunque se consideraron varias opciones, finalmente todo hacía indicar que la operación se limitaría a ataques aéreos limitados para garantizar el cierre del espacio aéreo y poner bajo control el arsenal químico, así como apoyo suplementario a los grupos rebeldes (aunque no hasta el punto de buscar un “cambio de régimen”).

En los primeros días de septiembre, el Gobierno estadounidense trabajó deprisa para buscar la autorización del Congreso. Pero una iniciativa diplomática procedente de Rusia ha permitido, al menos, ganar más tiempo antes de lanzar la intervención. La propuesta, que se está negociando, es un plan en cuatro pasos para poner el programa químico sirio bajo control internacional.

Esta iniciativa fue finalmente acordada el sábado 14 de septiembre por EE UU y Rusia.

Brevemente: el arsenal químico de Siria

Que Siria tiene un programa y un arsenal de armas químicas no está en duda, aunque tanto su localización como su tamaño han sido objeto de especulaciones. Este país no ha firmado la Convención sobre Armas Químicas y tampoco ha ratificado la Convención sobre Armas Biológicas. Tampoco ha admitido nunca la existencia del programa ni ha hecho declaraciones formales al respecto (algo similar a lo que hace Israel con su programa nuclear).

Un informe reciente del servicio de investigación del Congreso de EE UU afirma que Siria comenzó a almacenar armas químicas en 1972 o 1973, cuando Egipto le proporcionó cantidades limitadas de productos y sistemas de lanzamiento, antes de la guerra árabe-israelí. Más tarde obtuvo la ayuda de la Unión Soviética. De acuerdo a un informe de la inteligencia francesa publicado recientemente, Damasco posee más de 1.000 toneladas de agentes y precursores químicos, con los arsenales dispersos en alrededor de cincuenta ciudades. En todo caso, su tamaño exacto no se conoce, pese a cualquier afirmación.

Argumentos analíticos y legales sobre la intervención militar

A favor

Es legal (o en todo caso, legítima) porque responde a crímenes contra la humanidad y hay una razón moral para actuar; el Derecho Internacional debe evolucionar para adaptarse a situaciones nuevas

  • El presidente Obama y los líderes aliados deberían declarar en público que el Derecho Internacional ha evolucionado, y que no necesitan aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU para intervenir en Siria.
  • El jurista Geoffrey Robertson señala que “el Consejo de Seguridad es un tribunal poco satisfactorio a la hora de decidir sobre cuestiones morales urgentes, ya que la política lo puede volver ineficaz” (como, sugieren algunos autores, está ocurriendo con las posturas de China y Rusia en esta crisis). 

Un ataque con armas prohibidas como las químicas precisa una respuesta internacional firme, para poner fin a la impunidad y evitar que se extienda su uso

  • Barack Obama se pregunta: ¿Qué mensaje estaríamos enviando si un dictador puede gasear a cientos de niños hasta la muerte a la vista de todos y no paga ningún precio? ¿Cuál es el propósito del sistema internacional que hemos construido si la prohibición de usar armas químicas, aprobada por la mayoría de los gobiernos del mundo y aprobada con gran mayoría por el Congreso de EE UU, no se aplica?
  • Richard Haas argumenta que “las armas químicas, como otras armas de destrucción masiva incluyendo las biológicas y nucleares, no pueden volverse un arma normal, no pueden utilizarse. El tabú, la barrera, no pueden diluirse. Esto va más lejos de Siria”. 
  • Si EE UU no actúa de forma decidida ahora, estará abordando la misma cuestión dentro de unos meses, cuando el conflicto empeore y el régimen use estas armas de nuevo.

Es necesaria para defender los intereses de EE UU y de sus aliados en la región

  • Los intereses de EE UU en Siria están claros: impedir que los terroristas se hagan con armas químicas; privar a Irán de su aliado más importante en Oriente Medio, y evitar que Al Qaeda pueda establecer una base permanente en esta zona. Las personas razonables pueden dudar sobre la propuesta de realizar ataques militares limitados y sobre su eficacia, pero no sobre el hecho de que esos intereses sean reales o vitales.
  • Si el Congreso no aprueba el ataque militar, EE UU se cierra la puerta a poder ejercer cualquier influencia posterior en Siria.

Se ha decidido usar solo ataques limitados, de último recurso, y sin deseos de involucrarse más en nuevas guerras

  • John Kerry: “Recuerdo Irak. Y el secretario Hagel también recuerda Irak. El general Dempsey, en particular, recuerda Irak… Y por eso somos especialmente sensibles (Chuck y yo) al hecho de nunca más solicitar al Congreso que vote basándose en inteligencia falsa.

 En contra

La intervención militar no es legal ni ética

  • El secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, ha insistido en que el uso de la fuerza sólo será legal si se utiliza en legítima defensa, o con autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, como establece la Carta de esta organización.
  • Un ataque sobre Siria sin autorización del Consejo de Seguridad sienta un precedente más peligroso que el propio uso de armas químicas en este país.
  • Siria no es signatario de la Convención sobre Armas Químicas (CWC), y el Protocolo de Ginebra de 1925 fue pensado para prohibirlas en conflictos internacionales, no civiles o en su uso contra no combatientes.
  • EE UU invoca el Derecho Internacional de forma muy selectiva y sólo cuando conviene a sus intereses. ¿Cómo puede un país que viola por sí mismo el Derecho Internacional pretender someter a Siria a un estándar más alto que el que se aplica a sí mismo?

El objetivo principal de cualquier acción debe ser la seguridad de la población siria y una solución política al conflicto. Ambos pueden verse perjudicados

  • El prestigioso think tank International Crisis Group señala que el impacto de un ataque militar sería “en el mejor de los casos” impredecible en sus consecuencias para los civiles. Sólo un alto el fuego y una solución política pueden asegurar el bienestar de las personas.
  • El Foro África, formado por un buen número de personalidades y ex presidentes de este continente, pide regresar al multilateralismo y el imperio de la ley como mejor y única forma de alcanzar una salida política a esta crisis.

¿Por qué se señala una “línea roja” justo ahora?

  • Las líneas rojas ya se cruzaron más de una vez“: Irak usó armas químicas, en la guerra contra Irán y para la represión interna; y en la guerra contra Irak de 2003, EE UU usó fósforo blanco, que se considera un arma química si se utiliza directamente contra los soldados.

¿Por qué una “línea roja” sólo contra las armas químicas? 

  • ¿Por qué esta línea roja? Con más de 100.000 muertos, más de cinco millones de personas desplazadas por la guerra, y atrocidades de todo tipo, ¿por qué fijarse sólo en las armas químicas? ¿Es que las muertes por armas químicas son más graves? ¿Por qué un número de muertos de 5.000, 10.000 ó 100.000 no cruza ninguna línea roja, pero sí las muertes por armas químicas?

No hay evidencias suficientes sobre la autoría del ataque

Los ataques aéreos limitados no cambiarán la situación sobre el terreno ni la evolución del conflicto, excepto a peor, y podrían fortalecer al régimen

EE UU se arriesga, con la intervención, a meterse más a fondo en este conflicto y quedar atrapado en él

  • Si el ataque no funciona, si hay otra atrocidad (química o de otro tipo), ¿podrá la Administración Obama sentarse y no hacer nada?