Siria (1 de 3): Una situación humanitaria catastrófica

El conflicto de Siria es un tema “caliente” en los medios de comunicación, especialmente después del ataque químico del pasado agosto y la posible respuesta militar internacional (especialmente de EE UU) para castigar al régimen, supuestamente responsable del mismo. Las raíces y desarrollo de esta crisis, los múltiples (y cambiantes) actores involucrados, y las complejas alianzas y juegos de poder internacionales a los que da lugar, configuran un escenario de pesadilla. Esto es verdad sobre todo para la población atrapada en el terreno, pero también a la hora de comprender y analizar qué está pasando.

En estas últimas semanas, la mayoría de los medios han difundido argumentos a favor o en contra de esa intervención, con líneas analíticas basadas en su legalidad (o no) de acuerdo al Derecho Internacional; la aplicación de principios como la ‘responsabilidad de proteger’; la respuesta adecuada ante el uso de armas prohibidas como las de naturaleza química (y para algunos, menos numerosos, las dudas sobre quién las usó); y consideraciones estratégicas sobre el impacto regional de un ataque en un entorno regional ya altamente volátil.

Esta entrada es la primera de una serie de 3 que quiero abordar en este blog, y donde pretendo reflejar los principales debates y las fuentes más útiles que he encontrado para seguir diferentes aspectos de este conflicto. La serie será, más o menos, como sigue:

  1. La primera entrada (ésta) se centra en algunos aspectos de la catastrófica situación humanitaria que sufre Siria, y algunas de las respuestas que se están tomando ante ella, o que faltan. También incluyo un muy breve resumen de esta crisis tan compleja y su evolución.
  2. Los actores: Los poderes internacionales (EE UU, Reino Unido, Francia, Rusia, China) y regionales (Irán, Líbano, Israel, Arabia Saudí). ¿Cuáles son sus intereses y cálculos estratégicos? ¿Qué posiciones mantienen y qué hay detrás? Este será el tema para el lunes 16.
  3. Los debates: Legalidad o no de la intervención de acuerdo al Derecho Internacional; normas internacionales relevantes sobre armas químicas; enfoques y doctrinas sobre protección de civiles en conflicto. Y, ¿existe una ‘responsabilidad de proteger’ (y si es así, por qué se hace de forma tan selectiva)? Tema para el miércoles 18.

Sólo espero que sea útil.

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Este conflicto nació en el marco de protestas populares reclamando más libertad y democracia, en la primavera de 2011, y coincidiendo con eventos en otros países de la región en el marco de la llamada “primavera árabe”. El régimen sirio realizó algunos movimientos, como cambios políticos y en las estructuras de seguridad, pero no fue suficiente y también desató muy pronto una fuerte represión. Esto sólo aumentó las manifestaciones y protestas, y más tarde una resistencia armada en algunas ciudades y regiones.

Con el paso de los meses se impusieron sanciones internacionales y se intensificaron los movimientos diplomáticos, aunque cualquier acción en el Consejo de Seguridad de la ONU fue imposible por los diferentes intereses defendidos por Rusia y China (a favor del régimen) y EE UU, Reino Unido y Francia (en contra). Los grupos de oposición se unieron en el Consejo Nacional Sirio y la violencia se intensificó. Este Consejo fue reconocido como representante legítimo del pueblo sirio en una conferencia internacional celebrada en Turquía en abril de 2012.

Para finales de ese año la violencia se había extendido a todo el país y algunos episodios habían involucrado a Turquía y a Israel. La oposición formó la Coalición Nacional para las Fuerzas Sirias Revolucionarias y de Oposición. El Consejo de Seguridad de la ONU estimó que alrededor de 70.000 civiles habían muerto ya. EE UU intensificó las transferencias de armas a los rebeldes, pese a que las dudas pasaban a ser evidencias, sobre la implicación de combatientes yihadistas extranjeros en las fuerzas opositoras, con sus propios objetivos y agenda política.

En junio de 2013 hubo una primera alegación de uso de armas químicas y EE UU incrementó su apoyo a los rebeldes. También fijó en este tipo de armas la “línea roja” que el régimen no debería cruzar. Pero el 21 de agosto, activistas de oposición denunciaron que el Gobierno había usado armas químicas y asesinado a más de 1.300 personas en el ataque. Las evidencias del uso de agentes químicos fueron confirmadas por inspectores de la ONU (presentes en el país desde antes), y por organizaciones humanitarias. La evidencia, sin embargo, no parece ser tan concluyente con respecto a la responsabilidad sobre ese ataque. En cualquier caso, los tambores de guerra comenzaron a sonar a nivel internacional.

La situación humanitaria

Siria atraviesa una gravísima crisis humanitaria como resultado de la violencia. En torno a un tercio de sus 21 millones de habitantes están en situación de desplazamiento interno (se calcula que 4,25 millones) y refugio en países vecinos (unos 2 millones). Unas 5.000 personas huyen cada día que pasa, de acuerdo a RELIEFWEB, el servicio de noticias humanitarias de la ONU que dispone de la información más actualizada.

Dos millones de niños han dejado la escuela, sólo desde el final del último curso. La expansión de la violencia da como resultado más desplazamiento y el aumento de la vulnerabilidad de todos (los que se van y los que se quedan). Civiles por todo el país están atrapados en áreas rodeadas por la violencia. De acuerdo a la oficina de la ONU para la coordinación de asuntos humanitarios (OCHA), unos cuatro millones de personas están en serio riesgo de inseguridad alimentaria, y más de la mitad de los hospitales públicos tienen capacidad limitada o nula de atender pacientes. El sistema de salud está al borde del colapso.

Siria es hoy probablemente una de las crisis más preocupantes y (esto sí) la que tiene mayor atención y cobertura mediática. La posible participación de países occidentales y sus intereses juegan, como es obvio, un papel importante en esto. Sin embargo, y no es la primera vez, esa atención sobre el país no se traduce de forma inmediata en atención a las necesidades humanitarias. Muchas ONG y agencias de la ONU (por no mencionar a la Media Luna Roja local, que ha pagado el precio más alto en muertos y heridos) luchan para llegar a nuevas zonas y atender las necesidades de la gente.

La respuesta de los donantes internacionales no está a la altura. El sistema de la ONU ha pedido 1.500 millones de dólares para el Plan de Respuesta y Asistencia Humanitaria en Siria, de los que ha recaudado un 45%. El Financial Tracking System (FTS) de la ONU informa de que la implicación es aún menor para el Plan de Respuesta Regional a refugiados, presupuestado en 3.000 millones y con un 42% recaudado. Las cifras se ven bien en este gráfico:

Fuente: Financial Tracking System, ONU (www.fts.unocha.org)

Fuente: Financial Tracking System, ONU (www.fts.unocha.org)

El hecho de que sea habitual no lo hace menos lamentable. El centro de atención son los líderes y figuras políticas y sus declaraciones, especialmente cuando comienzan a hablar de guerra. Y cuando la diplomacia y las negociaciones están en marcha, la atención es un poco menor aunque permanece alta.

Está bien prestar atención a esos grandes discursos, y aún más a las negociaciones y a la gente que trata de proponer alternativas y buscar salidas políticas. Lo que no concilia bien con cualquier supuesta preocupación por la protección de civiles es no responder a los llamamientos humanitarios.

Más recursos

La CNN ofrece una cronología de este conflicto y de las sucesivas fases de participación y acciones de actores regionales e internacionales. Los datos básicos (o como ellos dicen, muy muy básicos) sobre Siria los ofrece este blog del Washington Post. Un recurso interesante, con información sobre aspectos históricos, culturales y políticos del país, está en esta pieza de The Guardian.

Para empaparse con calma en la información, recomiendo sin duda el dossier de la BBC, sobre la  historia del conflicto, sus datos básicos, actores, alianzas internacionales, y demás. Un recurso útil, sobre los aspectos humanitarios de la situación y mapas, lo proporciona el proyecto Syrian Needs Analysis. Y para una actualización minuto a minuto, no conviene perderse el blog Siria en Al Jazeera en inglés.

Próxima entrada (2 de 3): Los principales actores de esta crisis

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¿Hacia una nueva política de drogas en EE UU?

Esta semana se han producido dos eventos importantes, que podrían señalar el inicio de un nuevo enfoque en la lucha contra las drogas dentro de EE UU.

El pasado lunes, una jueza de Nueva York sentenció que la política del Departamento de Policía, de parar y registrar indiscriminadamente a personas en la calle en busca de drogas, viola la Constitución del país ya que afecta de forma desproporcionada a poblaciones negras e hispanas. La táctica, asegura, se ha usado 4,4 millones de veces entre 2004 y 2012 y, en el 80% de los casos, las personas registradas eran hispanos y negros.

Afirma la jueza Scheindlin que “los más altos oficiales de la ciudad han cerrado los ojos a la evidencia de que la policía utiliza esta política de una forma discriminatoria en términos raciales”. Su sentencia confirma que para los delitos de drogas menos graves y no violentos, relacionados sobre todo con la marihuana, la polítia tiene un sesgo racial y afecta de forma indiscriminada a las minorías.

Por otra parte, el fiscal general Eric Holder ha anunciado el final de las penas de prisión obligatorias a nivel federal para delitos de drogas no violentos y de pequeña escala. Estas penas mínimas obligatorias afectan especialmente a la posesión de marihuana y contribuyen a cargar aún más un sistema de prisiones ya desbordado. 

El FBI reconoce que, en 2011, se produjo un arresto relacionado con la marihuana cada 42 segundos en el país, con 750.000 arrestos en total. Al año siguiente la cifra bajó a la mitad, pero sigue siendo muy superior a otras relacionadas con cocaína y otras drogas.

Eric Holder anunció la nueva política en un encuentro de la Asociación de Abogados en San Francisco, señalando que la cárcel “debería usarse para rehabilitar, y no sólo para castigar, almacenar y olvidar”. También señaló que las penas mínimas obligatorias le costó al gobierno 80.000 millones de dólares solamente en 2010.  

Aunque ambas iniciativas son moderadas y no cambios radicales (y ya han sido criticadas por insuficientes), podrían dar como resultado una bajada en las tasas de población carcelaria y sentencias menores para delitos leves.

Ya he hablado antes en este blog de la guerra contra las drogas. Sin embargo, sólo se abordaron algunas dimensiones internacionales de la “guerra”, y no la forma en que se libra dentro del territorio estadounidense. El enfoque de mano dura es también verdad aquí. Una política basada en un enfoque muy duro de aplicación de la ley ha dado como resultado la tasa de población encarcelada más alta del mundo, mucha de ella por delitos no graves relacionados con drogas, y especialmente cuando se trata de minorías raciales. Las políticas de prevención del consumo a través de la educación, y de salud pública, han recibido mucha menos atención y recursos.

La Administración Obama anunció, ya en 2009, un nuevo enfoque en la política antidrogas. La intención era buena, aunque los cambios no han sido ambiciosos, especialmente en el ámbito internacional. Estas iniciativas significan un cambio, sea o no suficiente. Veamos cuáles son los resultados.