De nuevo en Irak

El miércoles Barack Obama anunció la nueva estrategia antiterrorista de EEUU para luchar contra el Estado Islámico (también llamado ISIS, e ISIL), el grupo suní radical que ha ganado importantes territorios en Irak y Siria.

Talking Points Memo caía en la cuenta de que es el cuarto presidente estadounidense que se dirige al país en horario de prime time para hablar sobre Irak. Todos ellos anunciaron acciones militares.

La estrategia contra el Estado Islámico tiene varios elementos. Primero, la expansión de la campaña de bombardeos que comenzó en el norte de Irak al resto del país y Siria. Segundo, el apoyo político, junto con entrenamiento militar y armas, a aliados locales como el ejército iraquí, tropas kurdas y rebeldes sirios “moderados”. Tercero, una coalición internacional que dote de legitimidad a esta campaña. Todo ello, mientras se evita la participación militar directa sobre el terreno (no boots on the ground) y cualquier tipo de alianza con Irán y Siria.

Esta administración estadounidense ha virado su posición estratégica sobre este grupo en cuestión de meses, debido a sus avances territoriales (incluyendo el control de Faluya y Mosul) y el establecimiento de un califato el 29 de junio. Y debido, por supuesto, a la violencia contra civiles y el asesinato de periodistas masivamente difundido a través de redes sociales. Este vídeo de Vox analiza esta evolución tomando las palabras del propio Obama: de una broma a la guerra en nueve meses.

Este es el territorio controlado por el Estado Islámico o con una presencia sustancial de este grupo a 10 de septiembre, según el Institute for the Study of War.

El discurso de Obama parece haber sido diseñado cuidadosamente. Pese a ello, o quizá por ello, aparecen muchas contradicciones y “flecos” sin resolver.

Spencer Ackerman, de The Guardian, ha hecho un trabajo excelente en su versión comentada. Juan Cole, de la Universidad de Michigan y autor del blog Informed Comment, atribuye esas inconsistencias a la política interna estadounidense: “(El presidente) fue de acá para allá intentando convencer al ala izquierda del Partido Demócrata de que no ha sido poseído por el fantasma de Dick Cheney, mientras aseguraba a una opinión pública asustadiza que hará picadillo a los terroristas que se dedican a decapitar americanos”.

Lo que hay en juego es más que retórica. Las referencias a Yemen y Somalia como ejemplos exitosos del tipo de campaña que se avecina han causado una preocupación fundada. Como dice Rosa Meneses en El Mundo, el uso de drones y asesinatos selectivos no ha debilitado a Al Qaeda sino que la ha fortalecido.

Lo que falta, de nuevo, es una estrategia política para Irak, Siria y la región. Phillis Bennis sugería una estrategia de seis pasos (ninguno de ellos basado en bombardeos) para lidiar con ISIS. El fundamento básico sería la atención a los factores sociales y políticos que facilitaron su ascenso, en especial la (mala) suerte de los suníes iraquíes después de la invasión del año 2003, la inestabilidad política y la violencia.

Mariano Aguirre, director de NOREF, señalaba en El País que “la fragmentación del Estado iraquí entre un área suní controlada por EI y sus aliados, otra chií con Bagdad en el centro, y la región kurda, parece un hecho difícil de frenar. Un pacto de descentralización y protección de las minorías entre los actores iraquíes negociado con Irán, Arabia Saudí, Turquía y Estados Unidos es tan importante como improbable de alcanzar”.

Y esto apunta a otro problema grave: los aliados. John Kerry ya ha visitado Irak, Jordania, Turquía, Arabia Saudí y Egipto tratando de ganar apoyos para una campaña coordinada contra el Estado Islámico.

Arabia Saudí ha anunciado que permitirá usar su territorio para entrenar a rebeldes sirios que luchan contra ISIS. Aparte de su situación en términos de democracia y derechos humanos, este país ha tenido un papel protagonista durante años (si no décadas) en la financiación de grupos yihadistas. La secretaria de Estado Hillary Clinton afirmaba en 2009 en un cable difundido por Wikileaks que, aunque “se toman en serio la amenaza del terrorismo dentro de sus fronteras, es todo un reto persuadir a los representantes saudíes de que aborden la financiación del terrorismo desde su país como una prioridad estratégica”.

El pasado marzo, una resolución del Parlamento Europeo pedía a Arabia Saudí que mejore el control sobre la financiación de grupos militantes radicales en el extranjero (incluyendo África, Oriente Medio, Afganistán y Pakistán, entre otros) y que ponga fin a cualquier apoyo financiero, militar y político a grupos extremistas en Siria.

Un lenguaje muy duro para un aliado estratégico.

Por supuesto, también podrían analizarse Egipto, o Bahrein.

Robert Fisk, el corresponsal en Oriente Medio de The Independent y autor de La gran guerra por la civilización: La conquista de Oriente Medio, denuncia la inexistente memoria semántica institucional o nacional en Estados Unidos en lo que se refiere a esta región. ¿Recuerdan Líbano en 1983? ¿Recuerdan a Gaddafi? “Todas esas fuerzas del mal han sido derrotadas una y otra vez, y entonces -bingo- surge alguna otra fuerza del mal que derrotar”. Según él, aquí estamos otra vez, “haciendo frente a la mayor crisis en Oriente Medio desde la última mayor crisis en Oriente Medio”.

¿Veremos alguna vez a un presidente de EE UU anunciando una estrategia realmente distinta?

Éste es el vídeo con el discurso completo para que cada uno saque sus propias conclusiones.

Cuando lo impensable se hace realidad

El acuerdo entre Irán y el grupo P5+1 (los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Alemania) habría sido impensable hace sólo unos meses, incluso semanas, pero ya es una realidad. Se trata de un acuerdo parcial, que puede provocar una fuerte oposición internacional y en Irán y EE UU, pero es un primer paso importante. Y no sólo para resolver la crisis nuclear sino para una normalización de relaciones más amplia.

Se trata de la mejor noticia desde que comenzó la crisis nuclear, cuando se conoció el avance del programa iraní en 2002. En resumen, Irán accede a imponer ciertos límites a su programa nuclear, mientras el grupo P5+1 pone límites a las sanciones económicas. Durante seis meses, las partes acceden a:

Irán

  • Frenar el enriquecimiento de uranio por encima del 5%.
  • Las existencias de uranio enriquecido al 20% serán diluidas o convertidas a otro formato que no permita el enriquecimiento.
  • Las existencias de uranio enriquecido al 3,5% no aumentarán de aquí al final de los seis meses.
  • No se instalarán más centrifugadoras; sólo se fabricarán nuevas centrifugadoras para sustituir las dañadas, y el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) tendrá acceso a los lugares donde se fabrican.
  • No más construcción ni trabajos experimentales en el reactor de Arak, y no se construirán nuevas instalaciones para el enriquecimiento (se frenan los planes para construir 10 más).
  • El OIEA puede realizar un monitoreo incluso diario del enriquecimiento y tendrá más acceso a las minas de uranio.

P5+1

  • No habrá nuevas sanciones económicas.
  • Se suavizan las sanciones sobre las exportaciones iraníes de oro, metales, sector del automóvil y petroquímico.
  • Se permite la transferencia a Irán de en torno a 4.200 millones de dólares que hasta ahora estaban “congelados”.
  • Se permiten las transferencias con fines educativos y de otro carácter.
  • Más flexibilidad para el comercio con Europa en sectores no sujetos a sanción.

El importe total de bienes y fondos iraníes que estará disponible ronda los 7.000 millones de dólares. También se establece una Comisión Conjunta para verificar el cumplimiento y gestionar los problemas que puedan surgir.

La próxima fase de las negociaciones comenzaría en seis meses, siempre que las partes cumplan lo estipulado, y el objetivo final sería un acuerdo más amplio y permanente. No se conoce de forma concreta cuáles serán los puntos de la negociación aunque, si ésta es ambiciosa, permitiría eliminar todas las sanciones sobre Irán siempre que este país acepte una supervisión de su programa nuclear que garantice que es de uso civil, y no para fabricar armas nucleares.

Algunos asuntos que sí se tratarán en la negociación ya se han avanzado en el acuerdo actual (así como el objetivo de cerrar un acuerdo final en un plazo máximo de un año). Entre ellos están:

  • Eliminar las sanciones (nacionales, multilaterales, y las del Consejo de Seguridad)
  • Los límites se establecerán por un periodo de tiempo definido, después del cual el programa civil será tratado como cualquier otro de un país parte del Tratado de No Proliferación.
  • Se permitiría un programa limitado de enriquecimiento.
  • Se resolverían las cuestiones relativas al reactor de Arak.
  • Más capacidad y acceso para el OIEA.
  • Un enfoque paso a paso, y el principio de que “nada está acordado hasta que todo lo esté”. Es decir, no habría acuerdos parciales salvo que se alcance un acuerdo total.

Volviendo a la situación actual, los problemas para implementar el acuerdo pueden ser muchos y diversos. El más obvio: que alguna de las partes no cumpla. Irán podría, por ejemplo, poner dificultades al monitoreo del OIEA. El Congreso de EE UU podría oponerse a levantar las sanciones. Aquí sin embargo hay que aclarar que las afectadas por este acuerdo fueron impuestas por Decreto Presidencial, y el presidente puede levantarlas sin aprobación del Congreso. Además de que la UE puede (y debería) actuar de forma independiente.

Los “duros” de ambas partes pueden, por otro lado, intentar boicotear el proceso o al menos intentar sacar ventaja de cualquier problema que surja.

Todo esto es normal. Una cuestión importante en cualquier iniciativa diplomática es que requiere no sólo esfuerzos visibles sino otros elementos importantes pero intangibles. Uno de ellos es la confianza. Una relación problemática tan antigua como la de EE UU e Irán crea desconfianza y sospechas, que con el tiempo se hacen más difíciles de solucionar.

En ese sentido, la mayor ventaja de este acuerdo es que es concreto, y se basa en acciones de cada parte cuyo cumplimiento es verificable y medible, dejando menos margen para que esos otros factores jueguen un papel. La clave es que se ha acordado una agenda concreta para la cooperación.

Lo ha dicho el ex presidente iraní Rafsanjani en una entrevista con el Financial Times: El acuerdo final será más fácil después de que el tabú (de hablar con el otro) se ha roto. El acuerdo parcial requería “romper el hielo, pero la segunda fase será rutina. Parte del problema es que hablar con EE UU era tabú, un tabú difícil de romper”.

Lo mismo podría decirse del otro lado.

Las reacciones y su significado

Israel y Arabia Saudí han sido los críticos más duro de este acuerdo (aunque hay más, por supuesto). Israel lo ha calificado de error histórico, mientras Arabia Saudí ha afirmado en repetidas ocasiones que desarrollaría su propio programa si se le permitía a Irán continuar con el suyo.

Ambos países tienen en común que han sido los aliados más estrechos de EE UU en esta región durante décadas. Ambos han sido dependientes de EE UU en cuestiones de seguridad (a veces, incluso, con Washington participando militarmente). Y EE UU ha intervenido en cualquier problema que surgiera en esta zona, para protegerlos.

El apoyo a Israel es más conocido, pero lo mismo ha ocurrido con Arabia Saudí. Es la protección de EE UU lo que le ha permitido a este país transformar su riqueza petrolera en un inmenso poder político e influencia en el mundo árabe y musulmán. Los dos han tenido también, mucho tiempo, la mayor influencia en Washington. Esto podría cambiar en un futuro no muy lejano.

Para EE UU se está abriendo un nuevo escenario en esta región después de Afganistán e Irak; la intervención en Libia; la guerra de Siria; y las llamadas primaveras árabes. El descontento y la protesta aumentan, los regímenes autócratas no son unos aliados tan fiables como se pensaba, y crecen en poder fuerzas radicales suníes. Irán, con ciertos intereses comunes y una agenda chií, podría ser un equilibrio para esas fuerzas.

Otros miembros del P5+1 siguen sus propias estrategias. Francia puso en riesgo la posibilidad del acuerdo, probablemente pensando en las oportunidades de mercado para sus empresas de armamento y energía en las monarquías del Golfo (Arabia Saudí, de forma notable). Entre tanto, Alemania y el Reino Unido ven las oportunidades que plantea el sector energético iraní.

Israel sale beneficiado con el acuerdo, independientemente de la retórica y de las posiciones de Netanyahu. Puede que tenga que acostumbrarse a convivir con un Irán que ya no sea un paria internacional, pero podría venirle bien que esto debilite a otros países árabes. De hecho, miembros destacados de las fuerzas de seguridad han expresado opiniones positivas sobre el acuerdo (quizá porque son conscientes de lo que significa).

El peor escenario se produce para Arabia Saudí y otras monarquías del Golfo Pérsico, ya que sus problemas con Irán van mucho más allá del asunto nuclear. Una relación normalizada entre EE UU e Irán es una pesadilla en Riad por su viejo enfrentamiento con Teherán y los difíciles equilibrios internos que maneja. También va en contra de sus posiciones en la guerra de Siria. En pocas palabras, las fuerzas geopolíticas se alinean en su contra, y esto afecta a su política externa y a la interna.

Para terminar esta entrada tan larga. Un punto para los críticos: es cierto que se trata sólo de un acuerdo parcial y limitado en el tiempo, que afrontará muchos obstáculos y que el acuerdo final puede ser más difícil de lograr. Un punto para los defensores: el acuerdo tiene la ventaja de que se basa en acciones concretas cuyo cumplimiento es verificable, y que puede crear confianza y unas relaciones constructivas.

Pero sobre todo, es un ejemplo de cómo la diplomacia puede lograr más que la hostilidad (y que la guerra). Veremos qué sucede.

Irán y la seguridad en Oriente Medio: ¿y si la solución es multilateral?

Las pautas y tendencias de la violencia y la inseguridad en el mundo están cambiando, pero la geopolítica sigue pesando, y eso sirve también para Oriente Medio. Hace un mes hablábamos de un posible ataque militar internacional contra Siria, pero luego llegó el acuerdo entre EE UU y Rusia para el desmantelamiento del arsenal químico y todo cambió. En paralelo, se hizo visible un clima de distensión, al menos aparente, propiciado por la elección de Hassan Rouhani en Irán y su visita a la Asamblea General de la ONU. Y ahora se retoman las conversaciones del Grupo 5+1 con Irán sobre su programa nuclear.

Al ya largo contencioso entre EE UU e Irán se añade desde hace una década la crisis derivada del pulso nuclear iraní; lo que se ha traducido en resoluciones condenatorias de la ONU, sanciones unilaterales y, siempre en el horizonte, la amenaza de un ataque israelí y/o estadounidense sobre las instalaciones nucleares. El programa iraní tiene el potencial de cambiar los balances regionales de poder y en él confluyen los intereses de este país, los de Israel (que lo considera una amenaza existencial), los de Arabia Saudí y Egipto (que posiblemente seguirían la pauta de la proliferación) y hasta los de EE UU y Rusia, a través de sus aliados en la región.

Copyright: @intheskies - Fotolia

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El Grupo 5+1 acaba de reunirse en Ginebra con Irán en un clima de cauto optimismo. Pero más allá de las circunstancias coyunturales, hay cuestiones estratégicas que deben tenerse en cuenta, empezando por reconocer las líneas rojas de cada actor. Para Irán esto significa ver reconocido su derecho al desarrollo de la energía nuclear (incluyendo el enriquecimiento de uranio), como cualquier firmante del Tratado de No Proliferación (TNP). Para EE UU la clave es fijar un sistema de garantías verificables de que Irán no usará el programa para desarrollar armas nucleares. En el fondo subsiste una profunda desconfianza mutua.

Una oportunidad para desbloquear este tema podría pasar por abordarlo en el contexto estratégico de la región y en un marco de seguridad regional, que incluya otros asuntos. Así, por ejemplo, en el marco de los esfuerzos para convocar una nueva ronda multilateral de negociaciones sobre el futuro de Siria (el proceso “Ginebra II”), la eventual participación de Irán está ganando apoyos. Una posible invitación a Teherán supondría en sí mismo una medida de creación de confianza, contar con un actor de gran influencia en la crisis siria y un reconocimiento de su papel regional.

Por otro lado, y siguiendo con Siria, Irán ha mostrado algunos signos de distanciamiento con el régimen y su objetivo estratégico parece ser ahora la supervivencia del Estado sirio, lo que le permitiría mantener sus relaciones con las fuerzas militares y de seguridad (incluso aceptando otro tipo de gobierno). Esto le permitiría a su vez salvar  los canales de influencia hacia Hezbolá. Para EE UU, la supervivencia del régimen tampoco sería el peor de los escenarios posibles y, por tanto, ahí cabe identificar una posible base de entendimiento para superar la parálisis actual.

Lo reconozcan o no abiertamente, EE UU e Irán tienen hoy dos objetivos comunes en Siria: impedir su colapso total (lo que crearía un vacío de seguridad proclive a la violencia sectaria y al poder de los yihadistas) y derrotar a los grupos radicales y/o vinculados a Al Qaeda que combaten allí (y que, según distintas fuentes, equivalen a entre el 15-30% de las fuerzas de la oposición). Si se mira un poco más lejos, sus intereses comunes también incluyen el presente y el futuro de Afganistán e Irak. Reconocer los puntos comunes y avanzar en ellos permitiría crear una confianza necesaria para abordar el problema nuclear.

Aunque olvidadas en gran medida por los medios, hay otras iniciativas que merece la pena recordar. Un enfoque multilateral, complementario, para abordar los problemas de seguridad regional podría basarse en la antigua propuesta de crear una zona libre de armas nucleares (o de armas de destrucción masiva) en Oriente Medio. Aprobada por primera vez por la Asamblea General de la ONU en 1974, a propuesta de Irán y Egipto, esta resolución ha seguido aprobándose anualmente desde 1980. También se ha incorporado a resoluciones del Consejo de Seguridad, y el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) hace cada año un llamamiento para incorporar mecanismos de salvaguarda en todas las instalaciones nucleares de la región, como primer paso para el establecimiento de esta zona (que ya existe en forma de acuerdos regionales en Asia, África y América Latina, entre otros).

¿Cuáles son los elementos básicos de esta propuesta? En su versión inicial solo se refiere a armas nucleares. Si se toma la “ampliada”, incluiría el compromiso de no tener, comprar, fabricar, probar o usar armas nucleares, químicas y biológicas, ni sus sistemas de lanzamiento. De acuerdo con un estudio técnico del OIEA de 1989, se aplicaría a una región desde Libia hasta Irán, y desde Siria hasta Yemen. Otro estudio de la ONU lo amplió posteriormente a todos los países de la Liga Árabe, más Irán e Israel.

Tanto el formato de la agenda como el ámbito geográfico, alcance y mecanismos de salvaguarda deberían definirse durante las propias negociaciones. Este enfoque permitiría abordar el programa nuclear iraní y el de Israel; el arsenal químico sirio y de otros Estados de la región. Abordar todas las armas de destrucción masiva en la región tendría en su conjunto ventajas que van más allá de la suma de sus partes: permitiría abordar los intereses, percepciones de amenaza y objetivos estratégicos de todos los países del área y de sus aliados externos. En el camino, probablemente, algunas amenazas y focos de conflicto podrían desactivarse.

La iniciativa tiene una larga trayectoria diplomática aunque sin avances tangibles. El más destacado ocurrió en la Conferencia de Revisión del TNP de 2010, que aprobó un plan para avanzar, incluyendo la convocatoria de una conferencia regional en 2012 (que finalmente fue suspendida). También se propuso nombrar un representante internacional con funciones de facilitador y un país de acogida de las negociaciones. El asunto se retomará en la próxima conferencia de revisión, en 2015.

Por otro lado en 2011, en una reunión de 97 países convocada por el OIEA, se acordó continuar trabajando con este objetivo, considerar las declaraciones de buenas intenciones un primer paso positivo, utilizar cada oportunidad en la agenda internacional e identificar medidas específicas de construcción de confianza.

El nuevo clima que aparentemente preside las negociaciones del P5+1 con Irán y el foro Ginebra II sobre Siria (especialmente si Irán participa) podrían también ir en esa línea: la creación de confianza mediante la diplomacia y los acuerdos parciales, aprovechando las oportunidades de la agenda internacional. Tanto dentro de EE UU como de Irán, y de otros actores regionales e internacionales, hay quienes se han beneficiado con el statu quo vigente. Pero el enfrentamiento permanente no ha logrado hasta ahora resolver nada. Por el contrario, aunque la economía iraní sufre bajo las sanciones, el programa nuclear continúa, en un marco de ambigüedad estudiada para evitar medidas más duras.

La situación regional es tan compleja y los intereses (nacionales, regionales e internacionales) tan dispares, que un marco de negociaciones multilaterales hacia un acuerdo regional de seguridad podría ser el marco adecuado para ponerlo todo sobre la mesa. Eso sí: nadie dice que vaya a ser fácil.

Siria (3 de 3): Juegos geopolíticos

 

Las protestas comenzaron en la primavera de 2011 como manifestaciones pacíficas para reclamar apertura y reformas democráticas. Influidas por acontecimientos similares en otros países de la región en el marco de la llamada “primavera árabe”, y al igual que pasó en algunos de ellos, pronto el ejército y milicias pro-gubernamentales respondieron con represión y violencia. El presidente Assad anunció reformas limitadas pero la violencia creció y no ha dejado de hacerlo hasta hoy.

No se pueden comprender los acontecimientos sin tener en cuenta la trama de intereses y agendas regionales e internacionales que aquí confluyen y que están influyendo sobre el curso de los acontecimientos. Siria es el escenario de juegos geopolíticos que lo han transformado en una guerra interpuesta similar a las de la Guerra Fría. Los intereses externos han convertido esta crisis en un juego de “suma cero” donde cada actor lucha por sus intereses estratégicos y contribuye con apoyo diplomático, financiero e incluso militar a alimentar el conflicto y polarizar a todas las partes. 

graphic_1378382738Syrian Needs Analysis Project: Mapa del conflicto, agosto de 2013

Dada la complejidad de los intereses en juego no pretendo reflejarlos todos en esta entrada. Ésta es sólo una aproximación, breve, que sólo pretende ofrecer una primera mirada a esos actores internos y externos y sus agendas. Al final hay una lista de documentos oficiales sobre el conflicto que quizá sean de utilidad.

ACTORES LOCALES

El régimen y su presidente, Bashar el-Assad

Accedió al poder en 2000 para suceder a su padre, que había gobernado durante treinta años. Comandante del ejército y presidente del Partido Baaz, algunos sectores tenían expectativas en su talante reformista y en que pondría en marcha reformas democráticas.

El régimen de los Assad es autocrático y secular y ha mantenido el papel estratégico de este país en la región a través de alianzas con Irán, con Hamás en Palestina y con Hezbolá en Líbano. Políticamente represivo ha sido, sin embargo, tolerante en términos religiosos, en un país tradicionalmente laico. Aunque la familia el-Assad pertenece a la minoría alauí, la apoyan otras minorías religiosas y partes importantes de las clases medias urbanas, así como del ejército, el sector público, algunos sectores económicos y los sindicatos.

Los factores religiosos, en gran medida ausentes al inicio del conflicto, han ido ganando importancia debido a varias cuestiones, principalmente la composición actual de varios grupos rebeldes y de parte de la oposición y los apoyos exteriores.

Actualmente, muchos sirios se enfrentan a la contradicción de tener que elegir entre un régimen cerrado y una oposición polarizada y dividida, mientras sufren una gravísima crisis humanitaria y una situación económica desastrosa.

La oposición

Los grupos de oposición (armados y no armados) están muy lejos de tener una opinión común sobre el futuro político del país. Hay rivalidades de todo tipo: entre líderes locales y exiliados; entre comandantes de diferentes grupos que luchan en territorio sirio, y entre aquellos que buscan una solución intermedia con el régimen y los que no cesarán hasta derribar toda su estructura. Los activistas laicos e islamistas mantienen sus desacuerdos, mientras grupos kurdos buscan ampliar el grado de autonomía para esta minoría y facciones armadas yihadistas ganan fuerza a través de su brutalidad en el combate.

Ha habido varios intentos de crear una oposición unida, algunos apoyados desde el exterior. El Consejo Nacional Sirio se creó en 2011 en Turquía e incluye a diversos grupos, la mayoría ligados ideológicamente a la Hermandad Musulmana. En noviembre de 2012, EE UU y otros países apoyaron la creación de la Coalición Nacional de la Oposición y las Fuerzas Revolucionarias, un “paraguas” de grupos diversos que buscan el final del régimen mediante la lucha política y armada, y que aspira a convertirse en gobierno de transición cuando colapse. Reconocidos por el Consejo de Cooperación del Golfo, la Liga Árabe (excepto Irak, Argelia y Líbano) y países de la OTAN como Francia, EE UU, Reino Unido y Turquía. 

El Ejército Libre Sirio es el principal grupo armado. Nació en 2011 y cuenta con alrededor de 100.000 combatientes. Inicialmente formado por desertores del ejército, luego se unieron civiles y milicias locales, aunque sigue siendo una coalición dispersa de milicias sin estructura unificada ni ideología coherente.

El Frente Al Nusra hizo su aparición a comienzos de 2012. Aunque siguen siendo minoritarios entre la oposición, incluyen a grupos militantes islamistas y combatientes extranjeros. Tiene vínculos con Al Qaeda en Irak y recluta en Siria y en el extranjero para luchar por un estado islámico. Incluidos por el Departamento de Estado de EE UU en la lista de grupos terroristas a finales de 2012, su brutalidad ha tenido el efecto general de agravar la violencia de todas las partes.

Un número indeterminado de milicias kurdas comenzaron a controlar ciudades y pueblos de mayoría kurda en el norte y este del país, elevando la tensión con el vecino gobierno turco. Recientemente se han enfrentado abiertamente con los grupos de orientación yihadista.

ACTORES EXTERNOS

EE UU, Reino Unido y Francia

EE UU ha considerado a Siria desde su independencia como una amenaza para sus intereses estratégicos. Ya en los años cuarenta Siria apoyó la causa palestina, luego libró tres guerras contra Israel y ha mantenido abierta la tensión sobre la cuestión de los Altos del Golán. El apoyo recibido de la Unión Soviética dio una nueva dimensión a esta rivalidad, que más recientemente se ha manifestado con la alianza de Siria y los principales enemigos de EE UU en la región: Irán, Hezbolá y Hamás. En círculos políticos estadounidenses hace mucho que se considera a Siria una amenaza para los intereses estratégicos de este país. Aquí lo explica The Economist y aquí, de forma aún más clara, la Hoover Institution.

Los intereses geopolíticos actuales y las razones históricas se mezclan de forma aún más acusada en los casos de Francia y el Reino Unido (los dos fueron potencias coloniales en el actual territorio sirio). Ambos comparten con EE UU la defensa de los intereses occidentales en Oriente Medio, la competencia con Rusia y China y ahora su intención de reemplazar al gobierno sirio por uno más favorable a sus intereses (algo que también serviría para debilitar a Irán). Para el Reino Unido hay que añadir su “alianza estratégica” con EE UU y Francia persigue intereses de largo plazo y mejorar su imagen internacional.

En mayo de 2013, ambos presionaron en la UE para relajar el embargo de armas sobre Siria y así abrir las oportunidades de proporcionar armas a los rebeldes.

Rusia

Uno de los más importantes apoyos del gobierno sirio, tiene aquí intereses estratégicos y comerciales, en algunos casos desde la época soviética. El enfrentamiento sirio con Occidente desde su independencia le llevó a buscar (y obtener) apoyo de Moscú. Hoy, Rusia exporta armas a este país y tiene vínculos comerciales importantes. El puerto de Tartús en Siria es su única base naval permanente en el Mediterráneo. La defensa del régimen sirio en oposición a Occidente es también parte de un principio más general de no injerencia que sirve a sus propios intereses internos.

Rusia apoyó el plan de paz conjunto del enviado de la ONU y la Liga Árabe, Kofi Annan, como una forma de alcanzar un acuerdo político. Ha explorado también otras opciones y finalmente ha llegado a un acuerdo con EE UU sobre el arsenal químico sirio.

China

China se ha unido a Rusia para bloquear resoluciones críticas sobre el gobierno sirio en el Consejo de Seguridad de la ONU y ha sido crítico sobre la posibilidad de un ataque militar. Aunque no se juega intereses estratégicos, su postura puede obedecer a una mezcla de razones: una política exterior más asertiva; preocupación por el componente islamista de parte de los rebeldes; enfado por los eventos en Libia (donde la intervención de la OTAN fue mucho más lejos de lo que se había autorizado inicialmente) y una preocupación compartida con Rusia sobre la excesiva injerencia occidental en Oriente Medio.

Turquía

Turquía mantuvo relaciones pacíficas pero distantes con el gobierno sirio durante años y cuando comenzaron las protestas trató de influir para que se iniciaran reformas. Sin embargo, desde el inicio del conflicto abierto ha sido uno de los mayores críticos del gobierno sirio. A Turquía le afecta de forma seria la violencia en su frontera y el Parlamento autorizó una acción militar transfronteriza para frenarla a principios de 2012. En este país se encuentran refugiados políticos sirios y algunos de los grupos políticos y armados de oposición, especialmente los más ligados a la Hermandad Musulmana. Otro factor de preocupación para Ankara es cómo evolucione la situación de las minorías kurdas en Siria. La opinión pública es contraria a la injerencia en los asuntos del país vecino.

Arabia Saudí 

Durante años Arabia Saudí ha rivalizado con el gobierno sirio por el poder regional. Ha sido muy activo promoviendo y apoyando la acción militar contra el régimen y proporciona apoyo a grupos de oposición, especialmente los salafistas. Irán es su mayor enemigo y competencia por la hegemonía política en Oriente Medio y el Golfo Pérsico, y su objetivo es romper la alianza de este país con Siria para debilitarlo.

También los enfrenta el apoyo sirio a Hamás, mientras Arabia Saudí apoya a Fatah y aquellos otros que son favorables a un acuerdo de paz con Israel. Finalmente el régimen saudí se ha auto-nombrado defensor de los suníes en el mundo musulmán frente a los chiíes (que gobiernan siria, son mayoría en Irán y también una importante minoría en este país), en una rivalidad en la que se mezclan la religión, la política y el poder.

Qatar

Es el principal proveedor de armas para los rebeldes, a los que se cree que ha proporcionado entre 1.000 y 3.000 millones de dólares en apoyo financiero. Su apoyo indiscriminado a cualquiera que parezca tener posibilidades de derrotar al gobierno ha contribuido a minar la credibilidad de la oposición y a fragmentarla. Grupos yihadistas han aprovechado este fácil acceso a armas y dinero para hacer su aparición en el escenario sirio. Su rivalidad con Arabia Saudí, que se expresa en muchos terrenos y especialmente en este conflicto, se basa en sus distintas experiencias históricas con los Hermanos Musulmanes y sus diferentes reacciones ante la ola de protestas desatada en 2011 en el mundo árabe.

Israel

Su enfrentamiento con Siria viene de la creación de ambos países en los años cuarenta, cuando la Siria independiente apoyó la causa palestina y libró tres guerras con Israel, que mantiene actualmente el control sobre los Altos del Golán. Siria ha mantenido la confrontación con Israel hasta la actualidad, si no con el enfrentamiento directo sí con su apoyo a Hezbolá y Hamás. Había expectativas de que Israel pudiera por tanto beneficiarse de la caída del gobierno de los al-Assad, pero tanto la composición actual como la orientación ideológica de parte de la oposición hacen ese futuro muy incierto.

El ejército israelí ha analizado la posibilidad de incursiones limitadas en la frontera con Siria para crear un área de seguridad y evitar que los bombardeos puedan alcanzar su territorio. A principios de 2013, cuando los enfrentamientos entre ejército y oposición alcanzaron su frontera, Israel respondió con un ataque aéreo.

Líbano

Las divisiones internas del país se reflejan en sus posiciones con respecto a la crisis siria, que tiene un impacto potencial muy importante aquí. La mayoría chií, en su mayor parte representada por Hezbolá, tiene en al-Assad a su más cercano aliado, mientras parte de la población suní simpatizaría con los rebeldes y los cristianos estarían divididos. Debido al sistema político libanés (donde las posiciones de poder se reparten entre los tres principales grupos religiosos) la evolución en Siria tiene alta capacidad de alterar los equilibrios políticos libaneses. 

El norte del país ha asistido a la llegada de refugiados, desertores y miembros de grupos rebeldes. A veces, como en la ciudad de Trípoli, ha habido tensiones entre los suníes y la minoría alauí pro-Assad, que también han tenido eco en el sur. Pero la mayoría de los suníes libaneses son laicos y sólo algunos extremistas se han unido a la lucha en Siria. El ejército permanece neutral.

Jordania

Ha recibido medio millón de refugiados sirios. El gobierno ha reclamado una solución política, aunque se cree que también ha proporcionado armas a algún grupo rebelde al principio de 2013. Teme que el conflicto se desborde y desestabilice su territorio y, cuando se planteó el ataque internacional, el gobierno respaldó una intervención limitada si se probaba el uso de armas químicas por el régimen (aunque limitada a los arsenales). Su posición es difícil y trata especialmente de mantener sus equilibrios de poder, internos y externos, a salvo de esta crisis.

Irán

Irán ha sido el principal aliado regional de Siria durante mucho tiempo debido a sus múltiples intereses comunes: el apoyo a Hamás en Palestina, a Hezbolá en Líbano y la percepción de Israel como enemigo común, así como su búsqueda de una posición de poder en la región. Cuando EE UU invadió Irak en 2003, tanto Siria como Irán buscaron evitar un gobierno pro-occidental en Bagdad. Irán desarrolló una intensa relación con los partidos políticos chiíes y después con el gobierno iraquí.

Egipto

La inestable situación política interna ha impactado en sus alianzas regionales. El gobierno de Mohamed Morsi se opuso al régimen sirio, cortó relaciones con el país e hizo un llamamiento a establecer una zona de exclusión aérea (hay que recordar el papel de la Hermandad Musulmana entre los rebeldes sirios). Después del golpe militar que en agosto depuso al gobierno, las actuales autoridades de El Cairo rechazan apoyar a ningún grupo rebelde y se manifestaron contra una intervención sin autorización de la ONU. La cambiante posición egipcia es, por tanto, resultado de su política interna.

La ONU

La ONU hace un seguimiento de la situación en Siria, ha desplegado enviados de paz e inspectores de desarme y sus agencias humanitarias juegan un importantísimo papel en la crisis. El Consejo de Seguridad no ha logrado ponerse de acuerdo sobre la forma de frenar la violencia debido a los intereses divergentes de sus cinco miembros permanentes (China, Francia, EE UU, Reino Unido y Rusia).

El ex secretario general Kofi Annan fue nombrado Enviado de Paz de la ONU y la Liga Árabe y presentó un plan de paz en mayo de 2012. La propuesta incluía varios elementos: un proceso político liderado por los propios sirios; el cese de la violencia por todas las partes, supervisado por la ONU; permitir la llegada sin restricciones de ayuda humanitaria; intensificar la liberación de personas detenidas arbitrariamente; acceso a todo el país para los periodistas y respeto a los derechos de asociación y manifestación.

El plan se presentó en marzo de 2012 y en abril hubo un alto el fuego. La ONU desplegó una misión en Siria, pero le faltó liderazgo sobre las partes y el acuerdo se rompió muy pronto. Se trataba de un intento de compromiso político para estabilizar la situación y permitir a los sirios avanzar en negociaciones políticas. Pero quizá llegó demasiado tarde, ya que para 2012 la polarización era demasiado alta como para permitir acuerdos.

Una reflexión final. ¿Es éste un conflicto religioso?

De acuerdo a muchos expertos la respuesta es no… al principio. Lo que estaba en juego era la supervivencia del régimen. Pero la cuestión es que algunas minorías y colectivos religiosos lo apoyaban más que otros y esto influyó en los alineamientos. El factor religioso ha contribuido y se ha utilizado para alimentar la intolerancia por varias partes del conflicto en este país antes predominantemente laico.

La emergencia entre los rebeldes de milicias salafistas (tanto sirias como extranjeras) e incluso de grupos ligados a Al Qaeda, han polarizado las posturas hasta el extremo. Los papeles de Arabia Saudí e Irán son relevantes ya que explotan el factor divisivo suní-chií, lo que sólo añade complejidad adicional. Actualmente es imprescindible tener en cuenta los factores religiosos.

Se explica bien en este artículo: “Ésta no es una lucha puramente ni mayoritariamente por el Islam; es una guerra por el futuro de Oriente Medio. Desafortunadamente, toda la retórica sobre guerra sectaria se está volviendo muy rápido una profecía auto-cumplida”.

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Puede resultar una conclusión triste y poco esperanzada para esta serie de entradas. Pero después de revisar la situación humanitaria, las posibilidades (y algunas razones detrás) de un ataque militar y el complejo juego de intereses que está sobre la mesa, la principal cuestión que viene a la mente es: ¿Quién se preocupa por la población siria?

 

Algunos documentos oficiales

 

U.S. Government: Assessment of Syria’s Use of Chemical Weapons on August 21, 2013, The White House.

Statement by Secretary of State Kerry on Syria, August 30, 2013

Statement by President Obama on Syria, August 31, 2013

U.S. Senate Committee on Foreign Relations: “Hearing: The Authorization of Use of Force in Syria,” September 3, 2013

Draft Senate Resolution Authorizing Syria Strike, September 4, 2013

House Committee of Foreign Affairs: “Hearing: Syria: Weighing the Obama Administration’s Response,” September 4, 2013

Letter from the Chairman of the Joint Intelligence Committee (JIC) about reported chemical weapons use in Syria, Cabinet Office, United Kingdom, August 29, 2013

French National Executive Summary of Declassified Intelligence, September 2, 2013

France: Synthesis of declassified national intelligence on Syrian chemical program, past uses and 21 August attack

UK: Position on the legality of military action

UK: Joint Intelligence Organization’s assessment of allegations

Siria (1 de 3): Una situación humanitaria catastrófica

El conflicto de Siria es un tema “caliente” en los medios de comunicación, especialmente después del ataque químico del pasado agosto y la posible respuesta militar internacional (especialmente de EE UU) para castigar al régimen, supuestamente responsable del mismo. Las raíces y desarrollo de esta crisis, los múltiples (y cambiantes) actores involucrados, y las complejas alianzas y juegos de poder internacionales a los que da lugar, configuran un escenario de pesadilla. Esto es verdad sobre todo para la población atrapada en el terreno, pero también a la hora de comprender y analizar qué está pasando.

En estas últimas semanas, la mayoría de los medios han difundido argumentos a favor o en contra de esa intervención, con líneas analíticas basadas en su legalidad (o no) de acuerdo al Derecho Internacional; la aplicación de principios como la ‘responsabilidad de proteger’; la respuesta adecuada ante el uso de armas prohibidas como las de naturaleza química (y para algunos, menos numerosos, las dudas sobre quién las usó); y consideraciones estratégicas sobre el impacto regional de un ataque en un entorno regional ya altamente volátil.

Esta entrada es la primera de una serie de 3 que quiero abordar en este blog, y donde pretendo reflejar los principales debates y las fuentes más útiles que he encontrado para seguir diferentes aspectos de este conflicto. La serie será, más o menos, como sigue:

  1. La primera entrada (ésta) se centra en algunos aspectos de la catastrófica situación humanitaria que sufre Siria, y algunas de las respuestas que se están tomando ante ella, o que faltan. También incluyo un muy breve resumen de esta crisis tan compleja y su evolución.
  2. Los actores: Los poderes internacionales (EE UU, Reino Unido, Francia, Rusia, China) y regionales (Irán, Líbano, Israel, Arabia Saudí). ¿Cuáles son sus intereses y cálculos estratégicos? ¿Qué posiciones mantienen y qué hay detrás? Este será el tema para el lunes 16.
  3. Los debates: Legalidad o no de la intervención de acuerdo al Derecho Internacional; normas internacionales relevantes sobre armas químicas; enfoques y doctrinas sobre protección de civiles en conflicto. Y, ¿existe una ‘responsabilidad de proteger’ (y si es así, por qué se hace de forma tan selectiva)? Tema para el miércoles 18.

Sólo espero que sea útil.

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Este conflicto nació en el marco de protestas populares reclamando más libertad y democracia, en la primavera de 2011, y coincidiendo con eventos en otros países de la región en el marco de la llamada “primavera árabe”. El régimen sirio realizó algunos movimientos, como cambios políticos y en las estructuras de seguridad, pero no fue suficiente y también desató muy pronto una fuerte represión. Esto sólo aumentó las manifestaciones y protestas, y más tarde una resistencia armada en algunas ciudades y regiones.

Con el paso de los meses se impusieron sanciones internacionales y se intensificaron los movimientos diplomáticos, aunque cualquier acción en el Consejo de Seguridad de la ONU fue imposible por los diferentes intereses defendidos por Rusia y China (a favor del régimen) y EE UU, Reino Unido y Francia (en contra). Los grupos de oposición se unieron en el Consejo Nacional Sirio y la violencia se intensificó. Este Consejo fue reconocido como representante legítimo del pueblo sirio en una conferencia internacional celebrada en Turquía en abril de 2012.

Para finales de ese año la violencia se había extendido a todo el país y algunos episodios habían involucrado a Turquía y a Israel. La oposición formó la Coalición Nacional para las Fuerzas Sirias Revolucionarias y de Oposición. El Consejo de Seguridad de la ONU estimó que alrededor de 70.000 civiles habían muerto ya. EE UU intensificó las transferencias de armas a los rebeldes, pese a que las dudas pasaban a ser evidencias, sobre la implicación de combatientes yihadistas extranjeros en las fuerzas opositoras, con sus propios objetivos y agenda política.

En junio de 2013 hubo una primera alegación de uso de armas químicas y EE UU incrementó su apoyo a los rebeldes. También fijó en este tipo de armas la “línea roja” que el régimen no debería cruzar. Pero el 21 de agosto, activistas de oposición denunciaron que el Gobierno había usado armas químicas y asesinado a más de 1.300 personas en el ataque. Las evidencias del uso de agentes químicos fueron confirmadas por inspectores de la ONU (presentes en el país desde antes), y por organizaciones humanitarias. La evidencia, sin embargo, no parece ser tan concluyente con respecto a la responsabilidad sobre ese ataque. En cualquier caso, los tambores de guerra comenzaron a sonar a nivel internacional.

La situación humanitaria

Siria atraviesa una gravísima crisis humanitaria como resultado de la violencia. En torno a un tercio de sus 21 millones de habitantes están en situación de desplazamiento interno (se calcula que 4,25 millones) y refugio en países vecinos (unos 2 millones). Unas 5.000 personas huyen cada día que pasa, de acuerdo a RELIEFWEB, el servicio de noticias humanitarias de la ONU que dispone de la información más actualizada.

Dos millones de niños han dejado la escuela, sólo desde el final del último curso. La expansión de la violencia da como resultado más desplazamiento y el aumento de la vulnerabilidad de todos (los que se van y los que se quedan). Civiles por todo el país están atrapados en áreas rodeadas por la violencia. De acuerdo a la oficina de la ONU para la coordinación de asuntos humanitarios (OCHA), unos cuatro millones de personas están en serio riesgo de inseguridad alimentaria, y más de la mitad de los hospitales públicos tienen capacidad limitada o nula de atender pacientes. El sistema de salud está al borde del colapso.

Siria es hoy probablemente una de las crisis más preocupantes y (esto sí) la que tiene mayor atención y cobertura mediática. La posible participación de países occidentales y sus intereses juegan, como es obvio, un papel importante en esto. Sin embargo, y no es la primera vez, esa atención sobre el país no se traduce de forma inmediata en atención a las necesidades humanitarias. Muchas ONG y agencias de la ONU (por no mencionar a la Media Luna Roja local, que ha pagado el precio más alto en muertos y heridos) luchan para llegar a nuevas zonas y atender las necesidades de la gente.

La respuesta de los donantes internacionales no está a la altura. El sistema de la ONU ha pedido 1.500 millones de dólares para el Plan de Respuesta y Asistencia Humanitaria en Siria, de los que ha recaudado un 45%. El Financial Tracking System (FTS) de la ONU informa de que la implicación es aún menor para el Plan de Respuesta Regional a refugiados, presupuestado en 3.000 millones y con un 42% recaudado. Las cifras se ven bien en este gráfico:

Fuente: Financial Tracking System, ONU (www.fts.unocha.org)

Fuente: Financial Tracking System, ONU (www.fts.unocha.org)

El hecho de que sea habitual no lo hace menos lamentable. El centro de atención son los líderes y figuras políticas y sus declaraciones, especialmente cuando comienzan a hablar de guerra. Y cuando la diplomacia y las negociaciones están en marcha, la atención es un poco menor aunque permanece alta.

Está bien prestar atención a esos grandes discursos, y aún más a las negociaciones y a la gente que trata de proponer alternativas y buscar salidas políticas. Lo que no concilia bien con cualquier supuesta preocupación por la protección de civiles es no responder a los llamamientos humanitarios.

Más recursos

La CNN ofrece una cronología de este conflicto y de las sucesivas fases de participación y acciones de actores regionales e internacionales. Los datos básicos (o como ellos dicen, muy muy básicos) sobre Siria los ofrece este blog del Washington Post. Un recurso interesante, con información sobre aspectos históricos, culturales y políticos del país, está en esta pieza de The Guardian.

Para empaparse con calma en la información, recomiendo sin duda el dossier de la BBC, sobre la  historia del conflicto, sus datos básicos, actores, alianzas internacionales, y demás. Un recurso útil, sobre los aspectos humanitarios de la situación y mapas, lo proporciona el proyecto Syrian Needs Analysis. Y para una actualización minuto a minuto, no conviene perderse el blog Siria en Al Jazeera en inglés.

Próxima entrada (2 de 3): Los principales actores de esta crisis