¿Se puede medir la paz?

Eso es lo que intenta el Índice de Paz Global 2014, publicado esta semana por el Institute for Economics and Peace. Y lo que muestra es el deterioro de la paz global, por séptimo año consecutivo, rompiendo una tendencia positiva que había comenzado al final de la II Guerra Mundial.

Los indicadores más preocupantes serían el aumento de la actividad terrorista, el número de conflictos abiertos, y el número de refugiados y desplazados en todo el mundo.

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En este mapa interactivo se puede ver la situación por países.

Algunos de los principales resultados de este ejercicio, que mide a 162 países, son los siguientes:

Islandia ocupa un año más el primer puesto, es decir, el país más pacífico

Georgia es el país que más ha mejorado su situación al retornar a la normalidad tras su conflicto de 2011 con Rusia, seguido de Costa de Marfil

Siria reemplaza a Afganistán como el conflicto más grave

Sudán del Sur es el país que más ha empeorado con respecto al año 2013 debido a la violencia que estalló el pasado mes de diciembre. Ha caído al puesto 160.

La República Centroafricana, Ucrania y Egipto se cuentan entre los países cuya situación ha empeorado. El primero sufre una guerra abierta, Ucrania está inmersa en un conflicto con Rusia y Egipto ha caído tras el golpe de estado que expulsó al presidente Morsi en agosto de 2013.

Dos datos clave del informe

Los doce países que según el Índice presentan un conflicto abierto representarían un número relativamente bajo, pero en ellos viven 500 millones de personas, de ellos 200 millones bajo el nivel de pobreza de dos dólares al día.

El esfuerzo de contener la violencia y abordar sus consecuencias se estima en 9,8 billones de dólares, equivalente al 11,3% del PIB global y dos veces la suma total de la economía de los 54 países de África.

Este vídeo (en inglés) es una atractiva presentación de los principales resultados:

En el Índice de Paz Global, las tendencias se miden de acuerdo a 22 indicadores, cualitativos y cuantitativos, que incluyen desde la inestabilidad política o las relaciones con los países vecinos, las percepciones de criminalidad, la movilización política violenta o la tasa de homicidios.

Desde el año 2007, el indicador que peor ha evolucionado es el comercio de armas (en aumento), seguido de la actividad terrorista y la tasa de homicidios. Todos ellos empeoran excepto el gasto en personal militar y policía y el gasto militar, que se habrían reducido en relación con el PIB global.

América Latina

México aparece en este índice en el puesto 138, mientras Colombia figura en el 150. Ambos países están inmersos en la ‘guerra contra las drogas’ y en Colombia continúa un conflicto armado que ya dura décadas.

Insight Crime ha cuestionado que América Latina aparezca como una región pacífica, excepto por estos dos casos, cuando según la ONU es la región del mundo con mayor tasa de homicidios. También señala otro problema: los criterios, que hacen que la amenaza de Sendero Luminoso en Perú se plantee como más grave que la violencia generalizada en Centroamérica.

¿Dudas?

Hay muchas maneras de medir la paz y los conflictos, seguramente ninguna exacta. Los centros de estudios de paz de los países nórdicos llevan años haciéndolo.

De acuerdo al Departamento de Investigación en Paz y Conflictos de la Universidad de Uppsala (Suecia), un conflicto armado es un enfrentamiento por cuestiones de gobierno y/o territorio entre dos partes, al menos una de ellas un gobierno, que causa al menos 25 muertes violentas. Una guerra, de acuerdo a su metodología, es aquella que se cobra más de 1.000 vidas.

En 2013 hubo 33 conflictos armados -7 guerras- y la tendencia sería a la baja. Aquí (en inglés) se puede su base de datos, por año y/o tipo de conflicto armado.

En una cosa coinciden sus datos con los anteriores: Siria presenta el mayor número de víctimas (dos de cada cinco en contexto de conflicto armado en 2013).

El problema puede ser de indicadores o, como hemos señalado en otras ocasiones, que los parámetros y marcos de referencia que utilizábamos para definir la guerra no sean ya suficientes. Los conflictos entre estados son escasos, los conflictos internos proliferan, y hay modalidades de violencia (como el caso latinoamericano) que se cobran un altísimo costo en vidas humanas y estabilidad social pese a que las motivaciones y los actores no encajen en las definiciones tradicionales de la guerra y el conflicto armado.

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Mi muy particular visión del año 2013

Estas fechas siempre son apropiadas para hacer balance. Este post no pretende tanto, por supuesto. Sólo recordar brevemente algunos acontecimientos y tendencias que han marcado la agenda de la paz y la seguridad en 2013.

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Primaveras árabes en retirada

El caso más evidente es la cruel guerra de Siria, que comenzó con protestas pacíficas para reclamar apertura y ha derivado en un conflicto complejo y sin perspectivas de final. Cuando tantos actores nacionales, regionales e internacionales buscan sólo defender sus intereses, quien queda al margen es la población, que sufre una de las peores crisis humanitarias del mundo. Una consecuencia indeseable es que ahora los grupos yihadistas, algunos cercanos a Al Qaeda, han ganado fuerza entre la oposición armada al régimen. ¿Era ésta la alternativa democrática que se buscaba?

En Egipto, el día de Navidad el gobierno militar surgido del golpe incluyó a los Hermanos Musulmanes como organización terrorista. La persecución ya ha comenzado. Esto no presagia nada bueno para el futuro, si se piensa en el precedente de la guerra civil argelina en los años noventa (y en el propio pasado de Egipto).

Las estrategias geopolíticas y la competencia económica por los recursos naturales se intensifican

Y aquí entra la competencia entre grandes potencias por recursos como petróleo y gas (y oleoductos y gasoductos) que tanto influye en Oriente Medio y Asia Central. La competencia por los recursos africanos sólo ha comenzado pero está escalando.

Pero también la carrera por ver quién es el primero en poner su bandera (y sus plataformas petroleras) en el Ártico. Con las tendencias del calentamiento global el Ártico podría abrirse a rutas comerciales, y a la explotación de las inmensas reservas que (se cree) alberga de petróleo, gas y minerales.

La declaración china de una Identificación de Defensa Aérea (ADIZ) sobre territorios del mar de China Oriental tiene la misma función de asegurar recursos en disputa, en territorios que también reclama Japón.

Desde Mongolia a Myanmar y Colombia, entre muchos otros, la minería entra con una fuerza destructiva para extraer recursos de exportación, en muchos casos sin consideraciones medioambientales ni con los derechos de quienes pueblan los territorios, y generando a su paso fuertes conflictos sociales.

En casos como la RDC, la competencia por esos recursos se hace mediante la guerra.

Las crisis olvidadas siguen ahí

Más allá de los titulares, que incluso olvidan a Irak a los diez años de su invasión en la lucha frenética por cubrir la actualidad, unos 60 países en el mundo afrontan diferentes grados de tensiones y violencia, en torno a 35 de ellos en guerras abiertas. En 2013, la violencia se ha intensificado en la República Centroafricana, donde crecen los temores a que se cometan atrocidades a gran escala. De momento ya hay medio millón de desplazados y millones de personas necesitan ayuda internacional. Mientras Sudán del Sur, el país más joven del mundo, parece derivar también hacia la violencia.

En la ya casi eterna guerra del este de la RDC el año ha sido intenso. Por primera vez una misión de la ONU (la MONUSCO, presente en el país) se ha dotado con una fuerza de intervención para frenar las atrocidades contra civiles usando todos los medios necesarios. Es un paso adelante en el concepto de peace enforcement, que la comunidad internacional ha dudado mucho en dar y que tiene sus riesgos.

La escalada de las otras violencias

Un caso paradójico se da en América Latina, sin conflictos armados excepto en Colombia pero asolada por la desigualdad y por la violencia e inseguridad. Una combinación de delincuencia común, conflictos sociales y delitos de eje transnacional se combinan para dar lugar a un continente cuyas tasas de violencia, especialmente en algunos países, desafían las nociones tradicionales de paz y guerra. Altos niveles de desigualdad combinados con urbanización acelerada, desestructuración familiar y social, proliferación de armas y drogas, se combinan con la falta de respuesta de los estados, tanto para garantizar oportunidades como para construir sistemas de justicia eficaces y equitativos.

En algunos casos, es el narcotráfico y la lucha contra él quienes contribuyen a crear o agravar la violencia. México es un caso claro. A pesar de que prometió cambios de estrategia, el presidente Peña Nieto ha seguido básicamente la misma que Calderón. Aunque ya no alcance titulares, la violencia continúa. Y se extiende: África occidental, convertida en nueva ruta privilegiada hacia Europa, es testigo del crecimiento de grupos vinculados al narcotráfico (y en muchos casos, conectados con los estados) que desafían a unos estados incapaces de hacer frente. Cuando esas drogas suben hacia el Norte, pues su destino es Europa, también financian a Al Qaeda del Magreb y otros grupos ilegales. Esos inmensos flujos de dinero ilegal, y la cantidad de armas que salen de Libia desde que cayó el régimen de Gadafi, están desestabilizando todo el Sahel.

Y también hubo oportunidades

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El día 2 de abril de 2013 se firmó el Tratado sobre Comercio de Armas, que hoy han firmado ya 115 países y ratificado 9. Es la culminación de años de negociaciones, y será ley internacional poco después de que cincuenta estados lo hayan ratificado. Y es un ejemplo de cuestiones concretas que permiten avanzar hacia la paz, en lugar de seguir inundando de armas a terceros países que en muchos casos necesitan apoyo diplomático para resolver la violencia, no más armas descontroladas en su territorio.

Al mismo tiempo, la ONU mantiene desplegados a más de 95.000 efectivos procedentes de más de 100 países en conflictos por todo el mundo. Puede resultar un poco sorprendente (o no tanto) pero no son los países poderosos los que más aportan a este esfuerzo internacional. Si quieres ver con detalle las contribuciones, zonas de despliegue y otros datos, te recomiendo esta página.

En enero, el Consejo de Seguridad mostró su apoyo unánime a la Resolución 2086, la primera en más de una década que contempla el mantenimiento de la paz como algo que va más allá del monitoreo de alto el fuego y conversaciones de paz, para integrar elementos de construcción de la paz, prevención de futuros conflictos y apoyo al desarrollo.

En otros niveles también ha habido buenas noticias. La elección de Hasan Rohani en las elecciones iraníes y un cierto acercamiento de posiciones entre EE UU e Irán sobre la cuestión siria lograron lo imposible: un acuerdo, aunque parcial y limitado, para resolver la crisis del programa nuclear. Ahora hay seis meses para que cada parte cumpla, y se pueda llegar a un acuerdo definitivo.

Colombia continúa en un proceso de negociaciones de paz entre el gobierno y las FARC. Difícil y complejo, sin embargo ya se ha llegado a acuerdo en los dos primeros puntos: cómo abordar la cuestión de la tierra (sin duda el más difícil de la negociación) y los modelos de participación política para una Colombia posconflicto. No es poco, para una guerra que dura décadas. El proceso aún encontrará dificultades, pero sigue en marcha.

En resumen, el panorama del año 2013 muestra algunas tendencias que pueden extraerse de lo anterior:

  • Un mundo multipolar, con equilibrios de poder en cambio, alianzas no permanentes, e instancias de competencia y cooperación.
  • Instituciones multilaterales, como la ONU, que sufren una doble crisis de representación y de eficacia (reciben más demandas de las que pueden atender).
  • Nuevos balances de poder entre actores estatales y no estatales, y un papel creciente de estos últimos en asuntos de paz y seguridad.
  • Nuevas formas de violencia, inestabilidad y fallos del estado, a veces vinculadas a economías ilegales y tráficos internacionales, en otras ligadas a cuestiones étnicas, de religión o raza (y a veces, una mezcla de todo ello).
  • La geopolítica sigue estando muy presente, como se ve de forma concreta en el caso sirio, y más amplia en la competencia por recursos.
  • Por último, las crisis del año 2013 muestran una vez más los vínculos entre seguridad, desarrollo, clima y cuestiones humanitarias.

Violencia en evolución

La naturaleza y las características de la violencia organizada en el mundo están cambiando. Según la campaña Control Arms, casi 750.000 personas mueren cada año en el mundo de forma violenta.

Las guerras interestatales son episodios (afortunadamente) cada vez menos frecuentes y la mayoría de las guerras actuales son internas. Una parte importante de las víctimas se dan aquí. Pero un número aún mayor (dos de cada tres) muere en situaciones de paz violenta. Países que formalmente están en paz pero tienen altos grados de violencia social, criminal, transnacional y mezclas de todas ellas. Muchas ciudades latinoamericanas son ejemplos de esto. Y en algunos casos, la violencia común, la económica y la sociopolítica se mezclan hasta el punto de que es difícil delimitar dónde acaba una y comienza otra.

Lo han dicho muchas instituciones pero me gustaría destacar el Informe sobre Desarrollo Mundial 2011, del Banco Mundial: “1.500 millones de personas viven en países que sufren ciclos repetidos de violencia política y criminal. Ningún país frágil de bajos ingresos o en conflicto ha alcanzado alguno de los ODM. Solucionar los problemas económicos, políticos y de seguridad que dificultan el desarrollo y atrapan a los estados frágiles en ciclos de violencia requiere el fortalecimiento de las instituciones nacionales y mejorar el buen gobierno, en formas que den prioridad a la seguridad ciudadana, la justicia y el trabajo“.

La comunidad internacional está mucho mejor preparada para abordar los conflictos clásicos: las guerras entre estados. Tanto si hablamos de diplomacia y negociación, sanciones, incentivos o amenazas; como de ejercer la acción humanitaria en favor de poblaciones afectadas por una crisis, la mayoría de los instrumentos están diseñados para abordar la violencia como la conocíamos en el siglo XX y no la actual.

Por ejemplo, en México hubo más de 60.000 muertes durante la guerra contra las drogas de Calderón, como resultado de los enfrentamientos entre el Gobierno y los cárteles, entre estos y dentro de ellos. Pero el Derecho Internacional Humanitario (DIH), incluso en conflictos internos, está pensado para actores armados que cumplen unos requisitos y tienen naturaleza política.

¿Qué aplicación podría tener el DIH en este contexto? ¿Podría el Comité Internacional de la Cruz Roja negociar su aplicación con un cártel del narcotráfico pese al número de víctimas que cause?

Estas situaciones son más complejas que un conflicto entre dos estados (donde los objetivos, al menos en parte, suelen estar a la vista) y sus actores principales grupos no estatales, algunos sin naturaleza política como el crimen organizado.

Hay procesos globales que contribuyen a impulsar esa violencia, como las presiones de la globalización; el debilitamiento resultante de los estados y el alza correlativa del poder de actores no estatales; la urbanización acelerada y el deterioro de la economía y el medio ambiente. Y factores internos como instituciones que no funcionan y la corrupción, la desigualdad y la exclusión. A través de la corrupción se vinculan los actores “ilegales” con partes del estado (un factor clave para el crimen organizado).

No es casualidad que los estados frágiles o en conflicto no hayan hecho progresos significativos en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) ya que la violencia es uno de los principales obstáculos para el desarrollo. Este hecho ya se reconoce, pero se ha avanzado menos en la construcción de mecanismos que permitan abordar estas situaciones con una visión global, y mediante cambios internos y apoyo externo. El marco que resulte después del año 2015 es una oportunidad para abordar los retos interrelacionados de la paz, el desarrollo y los derechos humanos.

La paz y el desarrollo, a debate

Estos días tiene lugar la sesión anual de la Asamblea General de la ONU que, en su 68º edición, tiene por delante un reto clave: definir el futuro de las políticas globales de desarrollo una vez que en 2015 se alcance el plazo de cumplimiento de los ODM. Para septiembre de 2015 debería existir un nuevo marco de acción que reemplace al actual.

Los objetivos de desarrollo fijados en el año 2000 eran temas clave pero no abordaban cuestiones como la paz, los derechos humanos y el buen gobierno. Esto refleja una agenda tradicional en la que los asuntos del desarrollo iban por un lado y los de seguridad, por otro. En estos años se ha desarrollado un cierto consenso sobre los estrechos (y complejos) vínculos que las unen.

En mayo pasado el Panel de Expertos de la ONU hizo su dictamen sobre los ODM y en él incluyó la paz y la seguridad como elementos indispensables del desarrollo. El Panel no tiene la última palabra pero propone cuatro objetivos: reducir la tasa de muertes violentas por 100.000 habitantes y eliminar la violencia contra los niños; abordar los factores externos de conflicto (incluyendo el crimen organizado); crear instituciones de justicia independientes, y mejorar la capacidad y rendición de cuentas de las instituciones de cumplimiento de la ley.

El debate sobre cómo incluir los conflictos, la violencia y los derechos humanos en el marco post-2015 incluye a muchos actores y posiciones. Muchas de ellas pueden encontrarse aquí.

Publicado por The Huffington Post

¿La Unión Africana como actor emergente?

Además de países emergentes que buscan proyectar su poder e influencia en asuntos de paz y seguridad, hay organizaciones regionales que merecen atención. Un ejemplo destacable es la Unión Africana (UA). Nacida en 2002, esta institución ha logrado construir la Arquitectura de Paz y Seguridad en África (APSA), diseñada para proporcionar soluciones africanas a los conflictos africanos.

Esta arquitectura ha ido mucho más lejos que cualquier otra en América Latina o Asia, por poner dos ejemplos. Las instituciones, mecanismos y políticas existen. Hay algunos problemas que deben abordarse, pero las mejoras son significativas.

Si quieres saber más, puedes leer este artículo que publiqué con motivo del 50 aniversario de la OUA. Aquí puedes leerlo en la página web del IECAH en español, y aquí lo tienes en inglés.

Mi primer post: ¡Bienvenidos/as!

Aquí estamos mi blog y yo. Después de mucho tiempo pensando “cómo me gustaría tener un blog para hablar de todas aquellas cosas que me interesan”, por fin este espacio y este proyecto dan sus primeros pasos.

Mi intención es que The Making of War and Peace sea un espacio donde hablar de conflictos armados y violencia organizada en la era de la globalización. Con todas sus realidades y su complejidad, intentaremos ir analizando cuáles son las causas, y las consecuencias, de la violencia en el mundo contemporáneo.

Hablaremos por tanto de guerras, como la de Afganistán, la de Colombia o la de la República Democrática del Congo, entre muchas otras. Pero también de situaciones de alta violencia que no responden al concepto de “guerra” (como México o Centroamérica), y de actores que mantienen un carácter político pero se financian con economías ilegales (como en Colombia o Afganistán).

Pero éste también es un espacio para la construcción de la paz, y para todos aquellos actores que, desde lo más local al ámbito internacional, trabajan (y muy duro) para hacer de la paz un proyecto viable.

Por supuesto no tengo muchas respuestas. Pero al menos me gustaría plantear las preguntas. Entre otras, y por ejemplo: ¿Qué retos plantean la llamada ‘guerra contra las drogas’ y las economías del narcotráfico para la construcción de la paz? ¿Y la proliferación de normas y leyes antiterroristas, tanto globales como nacionales? ¿Qué ocurre cuando un grupo armado político (terrorista o insurgente) se financia con economías ilegales?

Me gustaría que este fuera un espacio para la información y para los debates más actuales. Y que juntos podamos analizar y debatir sobre estas cuestiones.

De momento, este post sólo pretende dar un mensaje: bienvenidos a este blog.