¿Dos meses para la paz en Colombia?

 

El Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado una misión política que verificará la implementación de un acuerdo de paz en Colombia. Quedan menos de dos meses para que se cumpla el plazo que se dieron las partes para lograr un acuerdo (el 23 de marzo), y las últimas noticias indican que estamos ante un proceso sin retorno. Colombia podría alcanzar la paz después de 50 años de conflicto. Es un buen momento para recapitular.

Lee mi artículo en esglobal 

 

Colombia: ¿a tres meses de la paz?

 

El pasado mes de septiembre, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y el máximo comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Rodrigo Londoño Echeverri, alias ‘Timochenko’, anunciaron la firma del acuerdo final de paz para el 23 de marzo del año próximo. Cuando faltan tres meses para que concluya el plazo dado para firmar la paz entre las FARC y Bogotá, la guerrilla ha dicho que en marzo de 2016 no se firmará la paz.

A pesar de este hecho, se siguen dando pasos hacia adelante. Uno de los más importantes ha sido el acuerdo sobre víctimas del conflicto armado que según ha declarado el jefe negociador del Gobierno colombiano, Humberto de la Calle, va a facilitar el fin del enfrentamiento con la guerrilla. Además ha dicho que con este pacto se ha solucionado el tema más complicado de la agenda de paz.

Abordamos el proceso de paz y sus perspectivas en Enfoque, Hispan TV.

Invitados:
Luis Esteban G. Manrique, analista internacional y periodista de Infolatam
Mabel González Bustelo, periodista, fellow de la Global South Unit for Mediation (GSUM)
Olgher Santodomingo, presidente del Comité de Defensa de DDHH de Colombia
Rodrigo Villamizar, ex ministro y ex diplomático colombiano

EE UU y Colombia: construyendo un modelo exportable de seguridad

Acabo de publicar un artículo Open Security. En él se analizan unas fuerzas armadas, las colombianas, que han crecido para hacer frente al conflicto y ahora son el primer ejército de América Latina. Este hecho, y la influencia de EE UU, hacen preciso analizar cuál puede ser su futuro en un eventual escenario de paz y cuál su influencia en determinar las características de éste. ¿Acometerán un proceso de reducción de efectivos e influencia o responderán por pasadas violaciones de los derechos humanos? EE UU está promoviendo a Colombia como un centro de entrenamiento de operaciones antinarcóticos y contrainsurgencia y difundiendo así su propio modelo de política de seguridad. Esto puede tener una gran influencia en un futuro escenario posconflicto. 

Puedes leer el artículo en español aquí.

El texto forma parte de una excelente serie, Conflict in Context: Colombia, donde encontrarás otros análisis, en español e inglés, de los retos que afronta Colombia, en el conflicto y en la paz.

 

 

Colombia: Espionaje al proceso de paz

Según una investigación de la revista Semana, una unidad secreta de las ramas de inteligencia del ejército ha estado espiando de forma ilegal las comunicaciones entre los negociadores del proceso de paz en La Habana. La vigilancia es más amplia pero incluye al jefe del equipo negociador del gobierno, al Alto Comisionado de Paz y en suma, a la representación gubernamental. El presidente Santos ha reaccionado con dureza, anunciando una investigación y destituyendo a dos generales.

Surgen muchas preguntas. ¿Quién dio las órdenes? ¿Quién recibió la información y con qué propósitos? Hay dos sospechosos “habituales”: sectores del ejército y/o sectores del llamado “establecimiento”. La investigación lo dirá, pero queda por ver si es un ejemplo más de la autonomía con la que operan sectores uniformados y su escaso respeto al poder civil, o un intento de boicotear el proceso de paz.

Ayer abordamos todos estos temas en el programa Enfoque, de Hispan TV. El programa se puede ver completo aquí.

 

Conversaciones de paz en La Habana

El gobierno colombiano y las FARC han retomado las negociaciones que mantienen en La Habana para poner fin a la guerra que vive Colombia. El proceso comenzó en noviembre del año pasado y las dificultades no han faltado. En el último episodio, las FARC amenazaron con hacer públicos aspectos confidenciales de la negociación y el gobierno con la ruptura si esto llegaba a darse.

Toda negociación de paz es difícil por los temas que están en debate y por los diferentes tiempos políticos que suelen manejar los interlocutores.

En el caso de Colombia la guerra dura ya décadas. Han participado múltiples y diversos actores armados incluyendo a un estado que no siempre se ha ceñido al estado de derecho y el Derecho Internacional Humanitario. Es una guerra sucia con masacres, asesinatos selectivos, secuestros, desplazamiento forzado y apropiación indebida de bienes como la tierra. El 80% de las víctimas son civiles.

La tierra fue el origen del conflicto y lo sigue atravesando en todas sus dimensiones. El modelo rural se basa en grandes propiedades de ganadería extensiva o de monocultivos de exportación y hay millones de campesinos sin tierra. Durante décadas, el desplazamiento forzado y la apropiación de las tierras de los desplazados han sumado una contra-reforma agraria a ese sistema ya desigual.

Después llegó el narcotráfico. La nueva economía ilegal no sólo permitió enriquecer a los cárteles y financiar a los grupos armados sino que permeó la economía y benefició a las elites. El flujo incesante de fondos permitió alimentar y sostener la violencia y la guerra escaló como consecuencia.

Resolver esos temas no será fácil y la negociación tiene además otros problemas. El primero, los tiempos políticos. El gobierno esperaba un proceso más rápido, y el presidente Juan Manuel Santos afronta elecciones el año próximo con índices de popularidad decrecientes y fuerte oposición de sectores influyentes cercanos al ex presidente Álvaro Uribe. Las FARC temen los tiempos por otra razón: las garantías de futuro del proceso si este gobierno no sigue.

En segundo, el concepto de democracia y representación política: basada en los partidos, como actualmente, o como demandan las FARC con inclusión de movimientos sociales. En tercero, qué equilibrio de verdad, justicia y reparación se va a conseguir en Colombia. La guerra ha durado tanto que las víctimas son incontables. Hay crímenes (de guerra y contra la humanidad) incluidos en el Estatuto de Roma de la  CPI, cuya fiscal está en contacto con el gobierno colombiano. Está también el precedente de la desmovilización paramilitar, conseguida con penas y pagos mínimos por los daños cometidos.

El ‘establecimiento’ (la elite) no parece aceptar nada que no sea la destrucción de las FARC. Este grupo reclama garantías para abordar una vía política (que no termine en masacre, como la Unión Patriótica en los años ochenta y noventa). En el horizonte estaría la convocatoria de una Asamblea Constituyente para refrendar los acuerdos y sentar las bases del futuro sistema político. El problema de fondo es que las FARC quieren unas negociaciones de igual a igual, mientras el gobierno negocia un sometimiento a la justicia con beneficios políticos.

Las drogas y el narcotráfico serán otro obstáculo. Colombia ha aplicado con gran dureza las políticas estadounidenses de guerra contra las drogas. Ha militarizado el campo y fumigado millones de hectáreas sin lograr el fin de un negocio que siempre logra adaptarse.  Este es un tema político importante en Washington y cualquier acuerdo definitivo o temporal requerirá de EE UU apoyo o, al menos, mantenerse al margen.

Hay acuerdo en el primer punto de la agenda que es a la vez el más difícil: la tierra. La fórmula permitiría repartir entre los campesinos tierras improductivas y baldías e incautadas al narcotráfico. Una ruta que permite “entrarle” al problema sin enfrentarse abiertamente a ganaderos,  terratenientes y elites rurales. Si es posible el acuerdo sobre la tierra, deberían serlo los demás.

Las voces críticas son muchas y diversas. Sectores de la sociedad civil demandan más participación y canales para hacer llegar sus demandas a la mesa de diálogo. Las víctimas exigen justicia, la verdad sobre el daño causado y reparación. Elites económicas y políticas (especialmente las rurales) se oponen al proceso y a cualquier intento de cambiar el statu quo.

Todas las partes saben a estas alturas que ninguna puede ganar por la vía militar. Uribe lo intentó durante ocho años, como otros antes que él. Nadie lo logró. Las FARC tuvieron su mejor momento hace más de diez años y quedaron debilitadas por el Plan Colombia.

Los aportes que pretenden mejorar la calidad y resultados del proceso deberían ser bienvenidos. Cuanto más apoyo, mayor legitimidad y posibilidades de éxito. También debería estar claro que el dilema no es entre negociaciones o paz, sino entre negociaciones o más guerra.

Publicado en The Huffington Post.