EE UU y Colombia: construyendo un modelo exportable de seguridad

Acabo de publicar un artículo Open Security. En él se analizan unas fuerzas armadas, las colombianas, que han crecido para hacer frente al conflicto y ahora son el primer ejército de América Latina. Este hecho, y la influencia de EE UU, hacen preciso analizar cuál puede ser su futuro en un eventual escenario de paz y cuál su influencia en determinar las características de éste. ¿Acometerán un proceso de reducción de efectivos e influencia o responderán por pasadas violaciones de los derechos humanos? EE UU está promoviendo a Colombia como un centro de entrenamiento de operaciones antinarcóticos y contrainsurgencia y difundiendo así su propio modelo de política de seguridad. Esto puede tener una gran influencia en un futuro escenario posconflicto. 

Puedes leer el artículo en español aquí.

El texto forma parte de una excelente serie, Conflict in Context: Colombia, donde encontrarás otros análisis, en español e inglés, de los retos que afronta Colombia, en el conflicto y en la paz.

 

 

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Mi muy particular visión del año 2013

Estas fechas siempre son apropiadas para hacer balance. Este post no pretende tanto, por supuesto. Sólo recordar brevemente algunos acontecimientos y tendencias que han marcado la agenda de la paz y la seguridad en 2013.

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Primaveras árabes en retirada

El caso más evidente es la cruel guerra de Siria, que comenzó con protestas pacíficas para reclamar apertura y ha derivado en un conflicto complejo y sin perspectivas de final. Cuando tantos actores nacionales, regionales e internacionales buscan sólo defender sus intereses, quien queda al margen es la población, que sufre una de las peores crisis humanitarias del mundo. Una consecuencia indeseable es que ahora los grupos yihadistas, algunos cercanos a Al Qaeda, han ganado fuerza entre la oposición armada al régimen. ¿Era ésta la alternativa democrática que se buscaba?

En Egipto, el día de Navidad el gobierno militar surgido del golpe incluyó a los Hermanos Musulmanes como organización terrorista. La persecución ya ha comenzado. Esto no presagia nada bueno para el futuro, si se piensa en el precedente de la guerra civil argelina en los años noventa (y en el propio pasado de Egipto).

Las estrategias geopolíticas y la competencia económica por los recursos naturales se intensifican

Y aquí entra la competencia entre grandes potencias por recursos como petróleo y gas (y oleoductos y gasoductos) que tanto influye en Oriente Medio y Asia Central. La competencia por los recursos africanos sólo ha comenzado pero está escalando.

Pero también la carrera por ver quién es el primero en poner su bandera (y sus plataformas petroleras) en el Ártico. Con las tendencias del calentamiento global el Ártico podría abrirse a rutas comerciales, y a la explotación de las inmensas reservas que (se cree) alberga de petróleo, gas y minerales.

La declaración china de una Identificación de Defensa Aérea (ADIZ) sobre territorios del mar de China Oriental tiene la misma función de asegurar recursos en disputa, en territorios que también reclama Japón.

Desde Mongolia a Myanmar y Colombia, entre muchos otros, la minería entra con una fuerza destructiva para extraer recursos de exportación, en muchos casos sin consideraciones medioambientales ni con los derechos de quienes pueblan los territorios, y generando a su paso fuertes conflictos sociales.

En casos como la RDC, la competencia por esos recursos se hace mediante la guerra.

Las crisis olvidadas siguen ahí

Más allá de los titulares, que incluso olvidan a Irak a los diez años de su invasión en la lucha frenética por cubrir la actualidad, unos 60 países en el mundo afrontan diferentes grados de tensiones y violencia, en torno a 35 de ellos en guerras abiertas. En 2013, la violencia se ha intensificado en la República Centroafricana, donde crecen los temores a que se cometan atrocidades a gran escala. De momento ya hay medio millón de desplazados y millones de personas necesitan ayuda internacional. Mientras Sudán del Sur, el país más joven del mundo, parece derivar también hacia la violencia.

En la ya casi eterna guerra del este de la RDC el año ha sido intenso. Por primera vez una misión de la ONU (la MONUSCO, presente en el país) se ha dotado con una fuerza de intervención para frenar las atrocidades contra civiles usando todos los medios necesarios. Es un paso adelante en el concepto de peace enforcement, que la comunidad internacional ha dudado mucho en dar y que tiene sus riesgos.

La escalada de las otras violencias

Un caso paradójico se da en América Latina, sin conflictos armados excepto en Colombia pero asolada por la desigualdad y por la violencia e inseguridad. Una combinación de delincuencia común, conflictos sociales y delitos de eje transnacional se combinan para dar lugar a un continente cuyas tasas de violencia, especialmente en algunos países, desafían las nociones tradicionales de paz y guerra. Altos niveles de desigualdad combinados con urbanización acelerada, desestructuración familiar y social, proliferación de armas y drogas, se combinan con la falta de respuesta de los estados, tanto para garantizar oportunidades como para construir sistemas de justicia eficaces y equitativos.

En algunos casos, es el narcotráfico y la lucha contra él quienes contribuyen a crear o agravar la violencia. México es un caso claro. A pesar de que prometió cambios de estrategia, el presidente Peña Nieto ha seguido básicamente la misma que Calderón. Aunque ya no alcance titulares, la violencia continúa. Y se extiende: África occidental, convertida en nueva ruta privilegiada hacia Europa, es testigo del crecimiento de grupos vinculados al narcotráfico (y en muchos casos, conectados con los estados) que desafían a unos estados incapaces de hacer frente. Cuando esas drogas suben hacia el Norte, pues su destino es Europa, también financian a Al Qaeda del Magreb y otros grupos ilegales. Esos inmensos flujos de dinero ilegal, y la cantidad de armas que salen de Libia desde que cayó el régimen de Gadafi, están desestabilizando todo el Sahel.

Y también hubo oportunidades

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El día 2 de abril de 2013 se firmó el Tratado sobre Comercio de Armas, que hoy han firmado ya 115 países y ratificado 9. Es la culminación de años de negociaciones, y será ley internacional poco después de que cincuenta estados lo hayan ratificado. Y es un ejemplo de cuestiones concretas que permiten avanzar hacia la paz, en lugar de seguir inundando de armas a terceros países que en muchos casos necesitan apoyo diplomático para resolver la violencia, no más armas descontroladas en su territorio.

Al mismo tiempo, la ONU mantiene desplegados a más de 95.000 efectivos procedentes de más de 100 países en conflictos por todo el mundo. Puede resultar un poco sorprendente (o no tanto) pero no son los países poderosos los que más aportan a este esfuerzo internacional. Si quieres ver con detalle las contribuciones, zonas de despliegue y otros datos, te recomiendo esta página.

En enero, el Consejo de Seguridad mostró su apoyo unánime a la Resolución 2086, la primera en más de una década que contempla el mantenimiento de la paz como algo que va más allá del monitoreo de alto el fuego y conversaciones de paz, para integrar elementos de construcción de la paz, prevención de futuros conflictos y apoyo al desarrollo.

En otros niveles también ha habido buenas noticias. La elección de Hasan Rohani en las elecciones iraníes y un cierto acercamiento de posiciones entre EE UU e Irán sobre la cuestión siria lograron lo imposible: un acuerdo, aunque parcial y limitado, para resolver la crisis del programa nuclear. Ahora hay seis meses para que cada parte cumpla, y se pueda llegar a un acuerdo definitivo.

Colombia continúa en un proceso de negociaciones de paz entre el gobierno y las FARC. Difícil y complejo, sin embargo ya se ha llegado a acuerdo en los dos primeros puntos: cómo abordar la cuestión de la tierra (sin duda el más difícil de la negociación) y los modelos de participación política para una Colombia posconflicto. No es poco, para una guerra que dura décadas. El proceso aún encontrará dificultades, pero sigue en marcha.

En resumen, el panorama del año 2013 muestra algunas tendencias que pueden extraerse de lo anterior:

  • Un mundo multipolar, con equilibrios de poder en cambio, alianzas no permanentes, e instancias de competencia y cooperación.
  • Instituciones multilaterales, como la ONU, que sufren una doble crisis de representación y de eficacia (reciben más demandas de las que pueden atender).
  • Nuevos balances de poder entre actores estatales y no estatales, y un papel creciente de estos últimos en asuntos de paz y seguridad.
  • Nuevas formas de violencia, inestabilidad y fallos del estado, a veces vinculadas a economías ilegales y tráficos internacionales, en otras ligadas a cuestiones étnicas, de religión o raza (y a veces, una mezcla de todo ello).
  • La geopolítica sigue estando muy presente, como se ve de forma concreta en el caso sirio, y más amplia en la competencia por recursos.
  • Por último, las crisis del año 2013 muestran una vez más los vínculos entre seguridad, desarrollo, clima y cuestiones humanitarias.

Violencia en evolución

La naturaleza y las características de la violencia organizada en el mundo están cambiando. Según la campaña Control Arms, casi 750.000 personas mueren cada año en el mundo de forma violenta.

Las guerras interestatales son episodios (afortunadamente) cada vez menos frecuentes y la mayoría de las guerras actuales son internas. Una parte importante de las víctimas se dan aquí. Pero un número aún mayor (dos de cada tres) muere en situaciones de paz violenta. Países que formalmente están en paz pero tienen altos grados de violencia social, criminal, transnacional y mezclas de todas ellas. Muchas ciudades latinoamericanas son ejemplos de esto. Y en algunos casos, la violencia común, la económica y la sociopolítica se mezclan hasta el punto de que es difícil delimitar dónde acaba una y comienza otra.

Lo han dicho muchas instituciones pero me gustaría destacar el Informe sobre Desarrollo Mundial 2011, del Banco Mundial: “1.500 millones de personas viven en países que sufren ciclos repetidos de violencia política y criminal. Ningún país frágil de bajos ingresos o en conflicto ha alcanzado alguno de los ODM. Solucionar los problemas económicos, políticos y de seguridad que dificultan el desarrollo y atrapan a los estados frágiles en ciclos de violencia requiere el fortalecimiento de las instituciones nacionales y mejorar el buen gobierno, en formas que den prioridad a la seguridad ciudadana, la justicia y el trabajo“.

La comunidad internacional está mucho mejor preparada para abordar los conflictos clásicos: las guerras entre estados. Tanto si hablamos de diplomacia y negociación, sanciones, incentivos o amenazas; como de ejercer la acción humanitaria en favor de poblaciones afectadas por una crisis, la mayoría de los instrumentos están diseñados para abordar la violencia como la conocíamos en el siglo XX y no la actual.

Por ejemplo, en México hubo más de 60.000 muertes durante la guerra contra las drogas de Calderón, como resultado de los enfrentamientos entre el Gobierno y los cárteles, entre estos y dentro de ellos. Pero el Derecho Internacional Humanitario (DIH), incluso en conflictos internos, está pensado para actores armados que cumplen unos requisitos y tienen naturaleza política.

¿Qué aplicación podría tener el DIH en este contexto? ¿Podría el Comité Internacional de la Cruz Roja negociar su aplicación con un cártel del narcotráfico pese al número de víctimas que cause?

Estas situaciones son más complejas que un conflicto entre dos estados (donde los objetivos, al menos en parte, suelen estar a la vista) y sus actores principales grupos no estatales, algunos sin naturaleza política como el crimen organizado.

Hay procesos globales que contribuyen a impulsar esa violencia, como las presiones de la globalización; el debilitamiento resultante de los estados y el alza correlativa del poder de actores no estatales; la urbanización acelerada y el deterioro de la economía y el medio ambiente. Y factores internos como instituciones que no funcionan y la corrupción, la desigualdad y la exclusión. A través de la corrupción se vinculan los actores “ilegales” con partes del estado (un factor clave para el crimen organizado).

No es casualidad que los estados frágiles o en conflicto no hayan hecho progresos significativos en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) ya que la violencia es uno de los principales obstáculos para el desarrollo. Este hecho ya se reconoce, pero se ha avanzado menos en la construcción de mecanismos que permitan abordar estas situaciones con una visión global, y mediante cambios internos y apoyo externo. El marco que resulte después del año 2015 es una oportunidad para abordar los retos interrelacionados de la paz, el desarrollo y los derechos humanos.

La paz y el desarrollo, a debate

Estos días tiene lugar la sesión anual de la Asamblea General de la ONU que, en su 68º edición, tiene por delante un reto clave: definir el futuro de las políticas globales de desarrollo una vez que en 2015 se alcance el plazo de cumplimiento de los ODM. Para septiembre de 2015 debería existir un nuevo marco de acción que reemplace al actual.

Los objetivos de desarrollo fijados en el año 2000 eran temas clave pero no abordaban cuestiones como la paz, los derechos humanos y el buen gobierno. Esto refleja una agenda tradicional en la que los asuntos del desarrollo iban por un lado y los de seguridad, por otro. En estos años se ha desarrollado un cierto consenso sobre los estrechos (y complejos) vínculos que las unen.

En mayo pasado el Panel de Expertos de la ONU hizo su dictamen sobre los ODM y en él incluyó la paz y la seguridad como elementos indispensables del desarrollo. El Panel no tiene la última palabra pero propone cuatro objetivos: reducir la tasa de muertes violentas por 100.000 habitantes y eliminar la violencia contra los niños; abordar los factores externos de conflicto (incluyendo el crimen organizado); crear instituciones de justicia independientes, y mejorar la capacidad y rendición de cuentas de las instituciones de cumplimiento de la ley.

El debate sobre cómo incluir los conflictos, la violencia y los derechos humanos en el marco post-2015 incluye a muchos actores y posiciones. Muchas de ellas pueden encontrarse aquí.

Publicado por The Huffington Post

¿La Unión Africana como actor emergente?

Además de países emergentes que buscan proyectar su poder e influencia en asuntos de paz y seguridad, hay organizaciones regionales que merecen atención. Un ejemplo destacable es la Unión Africana (UA). Nacida en 2002, esta institución ha logrado construir la Arquitectura de Paz y Seguridad en África (APSA), diseñada para proporcionar soluciones africanas a los conflictos africanos.

Esta arquitectura ha ido mucho más lejos que cualquier otra en América Latina o Asia, por poner dos ejemplos. Las instituciones, mecanismos y políticas existen. Hay algunos problemas que deben abordarse, pero las mejoras son significativas.

Si quieres saber más, puedes leer este artículo que publiqué con motivo del 50 aniversario de la OUA. Aquí puedes leerlo en la página web del IECAH en español, y aquí lo tienes en inglés.