Mediation with Non-Conventional Armed Groups? Experiences from Latin America

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My Policy Brief as a Fellow of the Global South Unit for Mediation GSUM, BRICS Policy Center, is just out.  This Brief addresses mediation initiatives with criminal and non-conventional groups in Latin America, against the background of the theory and practice of international mediation. Exploring case studies in El Salvador, Honduras, Colombia and Mexico, it tries to illuminate the possibilities and challenges of applying traditional conflict resolution strategies to hybrid and non-conventional forms of violence.

The report addresses the following questions: How has mediation with criminal groups been conducted in selected Latin American countries? What combinations of actors have been involved? What factors have affected the outcomes of those processes? What lessons can be drawn regarding mediating criminal and hybrid agendas elsewhere?

The document can be accessed and dowloaded in the website of GSUM, here.

Mi Policy Brief, como Fellow de la Global South Unit for Mediation – GSUM en el BRICS Policy Center, se acaba de publicar (en inglés). “Mediation with Non-Conventional Armed Groups? Experiences from Latin America”, aborda iniciativas de mediación con grupos armados criminales y no convencionales (bandas, híbridos, narcotraficantes, vigilantes) teniendo como fondo la teoría y la práctica de la mediación internacional. Los casos de estudio son El Salvador, Honduras, Colombia y México.

El informe aborda algunas cuestiones esenciales: ¿Es posible la mediación con grupos criminales y no-convencionales? ¿Cómo se ha hecho en América Latina? ¿Qué actores han participado? ¿Qué factores han influido en las dinámicas y los resultados de esos procesos de mediación? ¿Cuáles son las lecciones de cara a futuros intentos, en América Latina y en otros lugares?

El documento se puede ver y descargar en la web de GSUM, aquí.

 

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Entrevista: EE UU y la UE callan ante la violencia en México

Hoy me entrevista Alejandro Gutiérrez, corresponsal en España de la revista Proceso, sobre la desaparición de 43 estudiantes en Guerrero, la violencia que vive el país en relación con el narcotráfico y la corrupción, y el silencio de Estados Unidos y la UE.

El silencio que guardan las principales instituciones de gobierno de Estados Unidos y la Unión Europea ante un hecho tan atroz como la muerte y desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa es aún más notorio si tomamos en cuenta que este caso no es la excepción, sino la regla de la violencia extrema que vive México”, advierte la periodista Mabel González Bustelo.

Puedes leer la entrevista completa en la web de Proceso.

Nuevo libro: Narcotráfico y crimen organizado ¿Hay alternativas?

Novedad en Icaria Editorial

Narcotráfico y crimen organizado

¿Hay alternativas?

 

Mabel González Bustelo

 

Las drogas ilegales, y las políticas nacionales e internacionales para combatirlas, tienen impactos graves en términos de paz y seguridad. Este libro muestra cómo se ha construido el consenso global para prohibir ciertas drogas y cómo EE UU lleva a cabo su “guerra contra las drogas”, especialmente en América Latina, con un enfoque basado en la militarización que ha generado violencia y violaciones de los derechos humanos.

La fumigación de millones de hectáreas en Colombia y las decenas de miles de muertos en México no han logrado frenar la producción y tráfico de drogas ilegales. El análisis de ambos países muestra un mercado ilegal con una capacidad de adaptación asombrosa. La fragmentación de los antiguos cárteles y la reacción a las presiones externas ha llevado a una reconfiguración de las estructuras y operaciones.

Los grandes capos ya no existen. Quienes dominan hoy el negocio de las drogas son grupos descentralizados y organizados como la red  2.0.

La prohibición convierte a las drogas en un mercado muy lucrativo y, por tanto, permanente, del que obtienen beneficios tanto actores ilegales como legales.

El Norte tiene un papel crucial en este negocio: no solo son sus mercados los que impulsan la producción y el tráfico, sino que aquí se queda la mayor parte de los beneficios. Este libro también analiza algunas propuestas que ahora surgen sobre una nueva política global de drogas.

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AQUÍ PUEDES LEER EL ÍNDICE e INTRODUCCIÓN

MÁS INFORMACIÓN

 ARTÍCULO en EL HUFFINGTON POST: 

¿Se acabó la ‘burbuja’ de Peña Nieto?

3 de noviembre de 2014

Otros artículos:

Colombia and Mexico: The Wrong Lessons from the War on Drugs

Sustainable Security, 26 June 2014

Drogas ilegales: La guerra interminable

IECAH, 28 de junio de 2013

 

Visita la página del libro en Icaria Editorial si quieres saber más

Sudán del Sur: ¿Cómo se ha llegado hasta aquí?

El país más joven del mundo, nacido en 2011, ha entrado en un ciclo de violencia que podría desembocar en una guerra civil. Las consecuencias serían devastadoras para el país y la región. El gobierno y la oposición han alcanzado un acuerdo de cese de hostilidades que podría permitirles (si se respeta) negociar en Etiopía. Los problemas son muchos y las perspectivas malas, pero quizá se abre un tiempo para reflexionar.

La crisis se desencadenó a mediados de diciembre como rivalidad y tensión política a altos niveles del gobierno y del Movimiento Popular de Liberación del Sur (SPLM). Esta disputa retroalimentó enfrentamientos previos y dio lugar a enfrentamientos armados y asesinatos de carácter étnico.

Ahora Sudán del Sur se enfrenta a una emergencia humanitaria y de seguridad. La violencia se ha extendido por el país y hay miles de muertos. Más de medio millón de personas huyen de la violencia como desplazados internos y los refugiados superan los 80.000. La mitad no tiene acceso a ayuda humanitaria por la violencia y una ubicación remota.

¿Cómo ha podido ocurrir esto tan pronto? ¿Cómo, en un país que luchó dos décadas por su independencia y que ha recibido fuerte apoyo internacional para construir el estado y la paz? Sin intención de ser exhaustiva, aquí están algunas de las razones.

Divisiones y líneas de fractura internas

El desencadenante inmediato de la violencia fue un enfrentamiento entre miembros de la Guardia Presidencial, interpretado por el presidente Salva Kiir Mayardit como un golpe de estado. Ya el pasado verano había depuesto una parte importante del gobierno incluyendo a su mayor rival, el vicepresidente Machar. Pero tras este incidente lanzó una ofensiva y ordenó una larga serie de arrestos.

Las divisiones y rupturas internas han afectado al SPLM al menos desde los años noventa. Líderes importantes movilizan a sus seguidores siguiendo líneas étnicas y creando enfrentamientos que utilizan en su lucha por el poder (en ocasiones, con apoyo del gobierno de Jartum). Ya desde entonces se produjeron violaciones de derechos humanos y atrocidades.

Como resultado de esas disensiones, el SPLM nunca desarrolló instituciones realmente cohesionadas, ni tampoco una agenda social y política para las áreas bajo su control. Las divisiones afectaron también a su cohesión militar.

Aunque los principales líderes se reconciliaron alrededor del año 2000 las tensiones persistieron, tanto en el liderazgo como entre la población. Pero la retórica de la opresión externa ayudó a ocultar todos estos hechos. Con la independencia, el subdesarrollo extremo, la escasísima capacidad humana e institucional hicieron las tensiones insoportables.

Ahora, la lucha política de cara a las elecciones de 2015 juega un papel importante y hace visibles de nuevo las fracturas, divisiones y reivindicaciones que no fueron abordadas durante la guerra de liberación. Lo que está en marcha es una batalla política por el control del SPLM y el poder. Los argumentos étnicos se utilizan para ganar apoyos y movilizar, pero esta guerra es política mucho más que étnica.

Suffering a gun shot wound to his ankle, Diel, 28, is one of 144 Lou Nuer who were evacuated from Manya Bol to Bor hospital in Bor town, Jonglei state, South Sudan, Monday July 15, 2013. Fierce clashes between rival ethnic groups have again exploded in eastern Jonglei with aid agencies fearing more to come  © Mackenzie Knowles-Coursin/IRIN

Suffering a gun shot wound to his ankle, Diel, 28, is one of 144 Lou Nuer who were evacuated from Manya Bol to Bor hospital in Bor town, Jonglei state, South Sudan, Monday July 15, 2013. Fierce clashes between rival ethnic groups have again exploded in eastern Jonglei with aid agencies fearing more to come
© Mackenzie Knowles-Coursin/IRIN

La comunidad internacional: narrativa y compromisos

La visión más común ha presentado durante años al sur de Sudán como una víctima del gobierno del norte (lo que es verdad, pero no toda la verdad). La narrativa, promovida por campañas internacionales, celebrities y hasta cierto punto ONG, quitó del punto de mira los problemas internos, tanto sociales como políticos.

EE UU ha sido el principal apoyo del nuevo estado. Varias circunstancias contribuyeron a crear una improbable coalición (por diferentes razones) entre sectores muy diversos, incluyendo a activistas de derechos humanos, actores, demócratas, republicanos, conservadores religiosos y líderes afroamericanos. Todos ellos confluyeron en torno a esa narrativa. Y había un factor ‘pos’ 11 de septiembre: el gobierno de Sudán es árabe, ha sido parte de los llamados “estados canallas”, y en su día dio cobijo a Osama Bin Laden.

Hasta qué punto las instituciones y donantes internacionales se vieron influidos por esa narrativa es una cuestión abierta.

Pero había señales de alarma. Los donantes se comprometieron fuertemente con Sudán del Sur, que se tomó como una prueba del compromiso internacional con los estados frágiles. Sin embargo, el apoyo se basó en gran medida en el supuesto de que la ayuda al desarrollo y la provisión de servicios básicos son la mejor contribución a la prevención de conflictos y la construcción de la paz. La ‘teoría del cambio’ subyacente es que la falta de desarrollo es la mayor causa de conflicto.

Esos supuestos no son reales o no abarcan toda la realidad. Una evaluación de la asistencia externa entre 2005 y 2010 así lo mostró.

Entre 2005 y 2009, los principales donantes proporcionaron 4.200 millones de dólares en ayuda al desarrollo y humanitaria. Si se añade el presupuesto de la misión de la ONU (UNMIS), el total supera los 8.000 millones. Entre el 65 y el 85% se dirigía al desarrollo socioeconómico, mientras el fortalecimiento de capacidades de gobierno y de la sociedad civil alcanzaron su máximo del 27% en 2009, cuando ya era evidente que la falta de capacidades era un problema grave.

Como consecuencia, muchos problemas de seguridad continuaron, como la proliferación de armas. El desarme de civiles fue en gran parte fallido. Los programas de desarme, desmovilización y reintegración de ex combatientes (DDR) fueron insuficientes. La incorporación de antiguos combatientes al nuevo ejército sobredimensionó esta institución pero no le proporcionó formación profesional o cadena de mando y control. Las razones de la desconfianza y el miedo no se abordaron.

Tampoco la cuestión de los recursos, como las crecientes tensiones sobre la gestión (y las consecuencias) de la extracción de petróleo, las adquisiciones de tierra a gran escala, y los enfrentamientos entre comunidades agrícolas y ganaderas.

La UNMIS no tiene ni un mandato suficiente ni recursos para llevarlo a cabo. Sólo está autorizada a proteger a los civiles bajo amenaza inminente de violencia física y “dentro de sus capacidades, y en sus áreas de despliegue”. Con 7.000 militares y 900 policías, era insuficiente incluso en las mejores circunstancias. Ahora se ha autorizado su ampliación, pero los procedimientos serán largos.

El conflicto norte-sur, por tanto, permitió ignorar las divisiones dentro del sur, y el papel de los factores étnicos y el clientelismo. La evaluación antes citada señala que “ni el gobierno de Sudán ni los donantes tenían un modelo convincente o consensuado sobre cómo sería el estado de Sudán en digamos diez años. Por parte de los donantes, esta reticencia refleja una tendencia a abordar esto como un ejercicio técnico”, más que político. Entre otros, la responsable  del PNUD, Helen Clark, ha reconocido el error de la comunidad internacional.

 Algunos elementos importantes, ahora

La sociedad civil ha sido dejada de lado, antes y después de que se firmara el acuerdo provisional de paz con el norte. El experto John Prendergast señala que “ya sabemos lo que funciona y lo que no. Demasiadas conferencias de paz han dejado fuera a la sociedad civil, líderes religiosos, activistas y mujeres, y han fallado. Esos acuerdos de paz parciales, y no incluyentes, negociados sólo por los que están más armados, no llevan a una paz duradera”.

En términos regionales mucho dependerá de Kenia, Uganda y Etiopía, y de la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD), para promover el diálogo y plantear posibles vías de solución con el apoyo de la Unión Africana. En el peor escenario, quienes intervendrían en Sudán del Sur lo harían para defender sus intereses y probablemente agravar la situación. Uganda ya lo ha hecho. Kenia no, aunque sus empresas son importantes inversores.

Otros actores externos fundamentales son la troika (EE UU, Reino Unido y Noruega) y China (el mayor inversor en petróleo), especialmente en apoyo de las iniciativas africanas de mediación.

Este caso, sobre todo, debería generar una reflexión sobre la construcción de la paz como actividad política y no sólo técnica. Ni las recetas ni  las mejores prácticas sirven de mucho sin un análisis profundo del conflicto, de las relaciones de poder, los enfrentamientos y reivindicaciones locales y las causas subyacentes de enfrentamiento. La prioridad, sin embargo, es detener la violencia.

Mi muy particular visión del año 2013

Estas fechas siempre son apropiadas para hacer balance. Este post no pretende tanto, por supuesto. Sólo recordar brevemente algunos acontecimientos y tendencias que han marcado la agenda de la paz y la seguridad en 2013.

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Primaveras árabes en retirada

El caso más evidente es la cruel guerra de Siria, que comenzó con protestas pacíficas para reclamar apertura y ha derivado en un conflicto complejo y sin perspectivas de final. Cuando tantos actores nacionales, regionales e internacionales buscan sólo defender sus intereses, quien queda al margen es la población, que sufre una de las peores crisis humanitarias del mundo. Una consecuencia indeseable es que ahora los grupos yihadistas, algunos cercanos a Al Qaeda, han ganado fuerza entre la oposición armada al régimen. ¿Era ésta la alternativa democrática que se buscaba?

En Egipto, el día de Navidad el gobierno militar surgido del golpe incluyó a los Hermanos Musulmanes como organización terrorista. La persecución ya ha comenzado. Esto no presagia nada bueno para el futuro, si se piensa en el precedente de la guerra civil argelina en los años noventa (y en el propio pasado de Egipto).

Las estrategias geopolíticas y la competencia económica por los recursos naturales se intensifican

Y aquí entra la competencia entre grandes potencias por recursos como petróleo y gas (y oleoductos y gasoductos) que tanto influye en Oriente Medio y Asia Central. La competencia por los recursos africanos sólo ha comenzado pero está escalando.

Pero también la carrera por ver quién es el primero en poner su bandera (y sus plataformas petroleras) en el Ártico. Con las tendencias del calentamiento global el Ártico podría abrirse a rutas comerciales, y a la explotación de las inmensas reservas que (se cree) alberga de petróleo, gas y minerales.

La declaración china de una Identificación de Defensa Aérea (ADIZ) sobre territorios del mar de China Oriental tiene la misma función de asegurar recursos en disputa, en territorios que también reclama Japón.

Desde Mongolia a Myanmar y Colombia, entre muchos otros, la minería entra con una fuerza destructiva para extraer recursos de exportación, en muchos casos sin consideraciones medioambientales ni con los derechos de quienes pueblan los territorios, y generando a su paso fuertes conflictos sociales.

En casos como la RDC, la competencia por esos recursos se hace mediante la guerra.

Las crisis olvidadas siguen ahí

Más allá de los titulares, que incluso olvidan a Irak a los diez años de su invasión en la lucha frenética por cubrir la actualidad, unos 60 países en el mundo afrontan diferentes grados de tensiones y violencia, en torno a 35 de ellos en guerras abiertas. En 2013, la violencia se ha intensificado en la República Centroafricana, donde crecen los temores a que se cometan atrocidades a gran escala. De momento ya hay medio millón de desplazados y millones de personas necesitan ayuda internacional. Mientras Sudán del Sur, el país más joven del mundo, parece derivar también hacia la violencia.

En la ya casi eterna guerra del este de la RDC el año ha sido intenso. Por primera vez una misión de la ONU (la MONUSCO, presente en el país) se ha dotado con una fuerza de intervención para frenar las atrocidades contra civiles usando todos los medios necesarios. Es un paso adelante en el concepto de peace enforcement, que la comunidad internacional ha dudado mucho en dar y que tiene sus riesgos.

La escalada de las otras violencias

Un caso paradójico se da en América Latina, sin conflictos armados excepto en Colombia pero asolada por la desigualdad y por la violencia e inseguridad. Una combinación de delincuencia común, conflictos sociales y delitos de eje transnacional se combinan para dar lugar a un continente cuyas tasas de violencia, especialmente en algunos países, desafían las nociones tradicionales de paz y guerra. Altos niveles de desigualdad combinados con urbanización acelerada, desestructuración familiar y social, proliferación de armas y drogas, se combinan con la falta de respuesta de los estados, tanto para garantizar oportunidades como para construir sistemas de justicia eficaces y equitativos.

En algunos casos, es el narcotráfico y la lucha contra él quienes contribuyen a crear o agravar la violencia. México es un caso claro. A pesar de que prometió cambios de estrategia, el presidente Peña Nieto ha seguido básicamente la misma que Calderón. Aunque ya no alcance titulares, la violencia continúa. Y se extiende: África occidental, convertida en nueva ruta privilegiada hacia Europa, es testigo del crecimiento de grupos vinculados al narcotráfico (y en muchos casos, conectados con los estados) que desafían a unos estados incapaces de hacer frente. Cuando esas drogas suben hacia el Norte, pues su destino es Europa, también financian a Al Qaeda del Magreb y otros grupos ilegales. Esos inmensos flujos de dinero ilegal, y la cantidad de armas que salen de Libia desde que cayó el régimen de Gadafi, están desestabilizando todo el Sahel.

Y también hubo oportunidades

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El día 2 de abril de 2013 se firmó el Tratado sobre Comercio de Armas, que hoy han firmado ya 115 países y ratificado 9. Es la culminación de años de negociaciones, y será ley internacional poco después de que cincuenta estados lo hayan ratificado. Y es un ejemplo de cuestiones concretas que permiten avanzar hacia la paz, en lugar de seguir inundando de armas a terceros países que en muchos casos necesitan apoyo diplomático para resolver la violencia, no más armas descontroladas en su territorio.

Al mismo tiempo, la ONU mantiene desplegados a más de 95.000 efectivos procedentes de más de 100 países en conflictos por todo el mundo. Puede resultar un poco sorprendente (o no tanto) pero no son los países poderosos los que más aportan a este esfuerzo internacional. Si quieres ver con detalle las contribuciones, zonas de despliegue y otros datos, te recomiendo esta página.

En enero, el Consejo de Seguridad mostró su apoyo unánime a la Resolución 2086, la primera en más de una década que contempla el mantenimiento de la paz como algo que va más allá del monitoreo de alto el fuego y conversaciones de paz, para integrar elementos de construcción de la paz, prevención de futuros conflictos y apoyo al desarrollo.

En otros niveles también ha habido buenas noticias. La elección de Hasan Rohani en las elecciones iraníes y un cierto acercamiento de posiciones entre EE UU e Irán sobre la cuestión siria lograron lo imposible: un acuerdo, aunque parcial y limitado, para resolver la crisis del programa nuclear. Ahora hay seis meses para que cada parte cumpla, y se pueda llegar a un acuerdo definitivo.

Colombia continúa en un proceso de negociaciones de paz entre el gobierno y las FARC. Difícil y complejo, sin embargo ya se ha llegado a acuerdo en los dos primeros puntos: cómo abordar la cuestión de la tierra (sin duda el más difícil de la negociación) y los modelos de participación política para una Colombia posconflicto. No es poco, para una guerra que dura décadas. El proceso aún encontrará dificultades, pero sigue en marcha.

En resumen, el panorama del año 2013 muestra algunas tendencias que pueden extraerse de lo anterior:

  • Un mundo multipolar, con equilibrios de poder en cambio, alianzas no permanentes, e instancias de competencia y cooperación.
  • Instituciones multilaterales, como la ONU, que sufren una doble crisis de representación y de eficacia (reciben más demandas de las que pueden atender).
  • Nuevos balances de poder entre actores estatales y no estatales, y un papel creciente de estos últimos en asuntos de paz y seguridad.
  • Nuevas formas de violencia, inestabilidad y fallos del estado, a veces vinculadas a economías ilegales y tráficos internacionales, en otras ligadas a cuestiones étnicas, de religión o raza (y a veces, una mezcla de todo ello).
  • La geopolítica sigue estando muy presente, como se ve de forma concreta en el caso sirio, y más amplia en la competencia por recursos.
  • Por último, las crisis del año 2013 muestran una vez más los vínculos entre seguridad, desarrollo, clima y cuestiones humanitarias.